Doña Lucía Vázquez Aguilar es una mujer indígena de Teopisca que aprendió a tejer las cruces de palma para el Domingo de Ramos observando cómo lo hacían sus padres, don Juan Vázquez Espinosa y doña Petrona Aguilar Juárez.

Desde hace más de 50 años cada Semana Santa viene a Tuxtla para sacar un extra de esta tradición que está acuñada en su familia, pero que ahora se complica por dos motivos, la pandemia y el acecho de los fiscales del Ayuntamiento de Tuxtla que quieren echarlas.

“Pero vamos a vender aquí, hoy, mañana y pasado”, dice enfática doña Lucía afuera de la iglesia de El Calvario en Tuxtla, quien aprendió a hablar el español porque su oficio principal, el del campo, la ha orillado a trasladarse constantemente a San Cristóbal de Las Casas a vender lo que produce.

Cada año que viene a Tuxtla lo disfruta, asegura mientras con sus dedos ligeros cruza de lado a lado la palma, porque recuerda a su papá y a su mamá cuando la traían para ayudarles a la venta de las cruces.

Recuerda que el año pasado fue difícil, porque la pandemia por el COVID-19 no les permitió vender ni palmas ni gran parte de lo que cosecha.

Este año, a dos días del Domingo de Ramos, las ventas están muy bajas, pero espera que el mañana y pasado pueda desplazar sus ofrendas que da en 10 pesos cada una y que en otros años logra vender hasta 50 en un día.

A la ciudadanía le pidió que tenga fe y que compre su palmera para que la pandemia no los alcance, porque asegura que en Teopisca nadie ha enfermado porque son creyentes del catolicismo.

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