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Así sobreviven los tuxtlecos al calor en la combi

En la capital miles de personas a diario enfrentan el sofocante calor dentro de colectivos sin aire acondicionado.

Con las primeras horas de sol en Tuxtla Gutiérrez, el calor ya se siente como si fueran las 2 de la tarde. El termómetro supera los 30 grados y las personas esperan la combi con la resignación de que al menos veinte minutos estarán dentro de una unidad.

Viajar en colectivo en la capital de Chiapas es una experiencia compartida entre desconocidos que entienden el sufrimiento ajeno. Todos saben lo que significa ir apretado con el aire caliente entrando por las ventanas abiertas, en un viaje donde la cercanía forzada se convierte en parte de la rutina diaria.

La combi se detiene y empieza el ritual diario en una de las 2 mil unidades reportadas por la Secretaría de Transporte. Suben las personas y el conductor grita para que se recorran. El dinero cruza toda la unidad hasta llegar al chofer, se cobra los 11 pesos, y de regreso viene el cambio hasta aterrizar en las manos correctas. Es un sistema que funciona sin supervisión formal, solo con el entendimiento tácito de quienes participan en él.

En la capital chiapaneca, más de 600 mil personas comparten diariamente esta experiencia en el transporte público. Para muchos tuxtlecos, la combi es la única opción viable de movilidad, lo que hace que la tolerancia al calor y al hacinamiento se convierta en una habilidad adquirida por necesidad.

Dentro de este ecosistema de sobrevivencia, los pasajeros han desarrollado estrategias personales. Hay quienes han perfeccionado el arte de dormir sentados, ignorando completamente el caos alrededor. Están también quienes sobreviven con pequeños abanicos de mano o cualquier objeto que produzca aire durante unos segundos. Aunque algunas unidades ya han optado por instalar aire acondicionado, como la Ruta 1, aún son pocas las que cuentan con este lujo. Cuando llega una combi equipada con clima, los pasajeros la miran con esperanza de un respiro temporal.

Y en medio de todo esto, el transporte público todavía guarda escenas que parecen salidas de una comedia costumbrista. Como aquella combi de la ruta 1 donde el timbre no era un botón ni una cuerda, sino unos pollitos de plástico. Detalles como estos revelan la creatividad y el ingenio de los conductores tuxtlecos para adaptar sus unidades con lo que tienen a la mano.

Así es viajar en colectivo en Tuxtla Gutiérrez: un pequeño retrato de la ciudad donde cientos de miles de personas comparten, todos los días, un espacio reducido y sofocante para sobrevivir juntos al trayecto. Un ritual que se repite cada mañana, cada tarde y cada noche, sin falta.

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