NOTA EDITORIAL · IN MEMORIAM
Este perfil fue publicado originalmente el 3 de enero de 2020. Doña Esther Noriega Molina, conocida como “Tía They”, falleció en abril de 2021. Alerta Chiapas conserva esta entrevista como registro de su voz, su filosofía de inclusión y su legado en la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo. Leer el 5° aniversario luctuoso (abril 2026).
“Yo no tengo distinción por nadie, a mí no me importa si está manco, si está chenco o si es mampo”.
La sala de su casa era una galería de recuerdos, un resumen de la fiesta más internacional de Chiapas: paredes con cuadros que daban cuenta de los 63 años de sostener una parte fundamental de los usos y costumbres de su municipio.
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Una vocación que comenzó a los nueve años
Esther Noriega Molina tenía 72 años de edad al momento de esta entrevista. A los nueve ya se escapaba de su papá, a quien no le gustaba que saliera a bailar; bajo la protección de su bisabuela Juliana Abadía Zapata, quién le conseguía la falda y la blusa, al son de tambor y pito, se encaminaba a la pandilla de su vecina Victoria Molina.
De ella aprendió que en los grupos de chuntás deben ser bienvenidos todas y todos, que no se debe alejar a nadie por su forma de vestir, sino que deben formar parte del festejo por su entrega y devoción.
“Cualquiera podía ir como quisiera, había niños que no podían ponerse un traje entonces se ponían un pantalón al revés, se sacaban las bolsas, se amarraban un pañuelo y con máscara, la hacían con los cuadernos, le ponían nandipo (un pegamento natural), le molían carbón, le hacían boca y ojos y con eso; no iban a la fuerza de falda y camisa, iban como quisieran”, recordaba.
En la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo existen al menos 10 grupos de chuntás, personajes que aluden a las sirvientas de María de Angulo y que abren los festejos el 8 de enero. El de la Tía They es, por así decirlo, el más abierto y diverso —y, quizá, por su condición, el más rico en número de participantes.
“Yo siempre he dicho que traigan su chinchín y muchos deseos de bailar y de alegrar nuestra fiesta, no me importa cómo se vistan; lo que no me gustaría es que vinieran ya de bikini y rumbera, ahí como que ya no, ya se va distorsionando y eso es para carnaval; esto es una fiesta de mucha tradición”.
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El origen de la pandilla: una defensa en el atrio
Ella comenzó a formar su pandilla con sus sobrinas, comadres, vecinas y amigas, que sin tambor y pito se juntaban a otras pandillas, como la de los Madrigal.
Narraba sus inicios como si estuviera viviendo de nuevo. En su silla pegada al altar donde conservaba un busto del finado Isauro Vidal —uno de los chuntás más conocidos—, contaba que su pandilla nació de la discriminación, pero que hoy es símbolo de la inclusión.
En el atrio de la iglesia se topó con un joven apuesto que estaba siendo molestado por un grupo de chuntás. Él se acercó a ella cohibido “por la hombrada” y sin más le soltó: “señora, me vienen ofendiendo, me vienen diciendo majaderías, me quieren golpear”. El joven era gay.
La Tía They tomó el chinchín y comenzó a llamar a su grupo en la esquina que forman el Colegio de Monjas, el mercado y el atrio de la Iglesia. De inmediato se congregaron y tomaron camino.
“Yo no tengo distinción por nadie, a mí no me importa si está manco, si está chenco, si es mampo, si es hombre y quieren venir, que vengan, todos somos iguales, tenemos sangre y corazón, ¡todo!”.
De 60 personas a más de dos cuadras
De ese momento hacían 25 años y eran un grupo de 60 personas. Para 2020, el grupo “no tiene cuenta”, decía con orgullo: más de dos cuadras de mujeres y hombres que con falda y blusa, abundante maquillaje, con vestidos estilizados o tradicionales, con canastas y banderas, con trenzas o sin ellas, recorren la heroica Chiapa.
La cita anual era en Avenida Salvador Urbina número 49 del barrio Santo Tomás, hogar de la Tía They.
“Es la feria de nuestro pueblo, si nosotros no lo alegramos, no lo animamos, se acaba esto; por eso debemos seguir con la tradición. Lo que yo les pido es que siempre salgan y que estemos siempre unidos y alegres para nuestra feria”, concluía.
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