“Yo no tengo distinción por nadie, a mí no me importa si está manco si está chenco si es mampo”

Para salir a bailar como chuntá en la pandilla de la tía They se necesitan dos cosas: chinchín y ganas, muchas ganas de ser parte de la tradición de fé de la Fiesta Grande Chiapa de Corzo.

La sala de su casa es una galería de recuerdos, su hogar es un resumen de la fiesta más internacional de Chiapas: paredes con cuadros que dan cuenta de los 63 años de sostener una parte fundamental de los usos y costumbres de su municipio.

Esther Noriega Molina tiene 72 años de edad, a los nueve ya se escapaba de su papá a quien no le gustaba que saliera a bailar; bajo la protección de su bisabuela Juliana Abadía Zapata y quien le conseguía la falda y la blusa, al son de tambor y pito, se encaminaba a la pandilla de su vecina Victoria Molina.

De ella fue que aprendió que en los grupos de chuntás deben ser bienvenidos todas y todos, que no se debe alejar a nadie por su forma de vestir, sino que deben de formar parte del festejo por su entrega y devoción.

“Cualquiera podía ir como quisiera, había niños que no podían ponerse un traje entonces se ponían un pantalón al revés, se sacaban las bolsas, se amarraban un pañuelo y con máscara, la hacían con los cuadernos, le ponían nandipo (un pegamento natural), le molían carbón, le hacían boca y ojos y con eso; no iban a la fuerza de falda y camisa, iban como quisieran”.

En la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo existen al menos 10 grupos de chuntás, personajes que aluden a las sirvientas de María de Angulo y que abren los festejos el 8 de enero. El de la tía They es por así decirlo el más abierto y diverso y, quizá, por su condición, sea ya el más rico en número de participantes.

“Yo siempre he dicho, que traigan su chinchín y muchos deseos de bailar y de alegrar nuestra fiesta, no me importa (como se vistan); lo que no me gustaría es que vinieran ya de bikini y rumbera, ahí como que ya no, ya se va distorsionando y eso es para carnaval; esto es una fiesta de mucha tradición”.

 

Recuerda que ella comenzó a formar su pandilla con sus sobrinas, comadres, vecinas y amigas, que sin tambor y pito, se juntaban a otras pandillas, como la de los Madrigal.

Narra sus inicios como si estuviera viviendo de nuevo o quizá su sonrisa es porque ya es enero, en su silla pegada al altar donde conserva un busto del finado Isauro Vidal, de los chuntás más conocidos, recuerda que su pandilla nace de la discriminación, pero hoy es de la inclusión.

En el atrio de la iglesia se topó con un joven apuesto que estaba siendo molestado por un grupo de chuntás, se acercó a ella cohibido “por la hombrada” y sin más le soltó: “señora, me vienen ofendiendo, me vienen diciendo majaderías, me quieren golpear”. El joven era gay.

La tía They tomó el chinchín y comenzó a llamar a su grupo en la esquina que forman el Colegio de Monjas, el mercado y el atrio de la Iglesia, de inmediato se congregaron y tomaron camino.

“Yo no tengo distinción por nadie, a mí no me importa si está manco si está checo si es mampo si es hombre y quieren venir, que vengan, todos somos iguales, tenemos sangre y corazón, ¡todo!”.

De eso, hace 25 años, era un grupo de 60 personas, ahora el grupo no tiene cuenta, son más de dos cuadras de mujeres y hombres que con falda y blusa, abundante maquillaje, con vestidos estilizados, tradicionales, con canastas y banderas, con trenzas o sin ellas, recorren la heroica Chiapa.

La tradición es la tradición, por eso la tía They invita a formar parte de los anuncios el 8, 14 y 16 de enero a las 7 pm, con salida a las 9 pm y el 22 a las 4 pm. El 16, sí habrá anuncio a pesar de que existen voces que quieren cambiarlo. La cita es en Avenida Salvador Urbina no. 49 del barrio Santo Tomás.

“Es la feria de nuestro pueblo, si nosotros no lo alegramos no lo animamos se acaba esto, por eso debemos seguir con la tradición; lo que yo les pido es que siempre salgan y que estemos siempre unidos y alegres para nuestra feria”.

 

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