
Un estudiante de la normal de educación física en Tuxtla Gutiérrez ya no solo aprende a marcar ejercicios y formar filas. Ahora le piden pensar en la salud, la inclusión y la comunidad. Es el sello del plan de estudios con el que se forma desde 2022.
Ese cambio de enfoque es uno de los ejes de un estudio publicado en la revista Espacio I+D, de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), que compara los planes de 2018 y 2022 con los que se preparan estos maestros en el estado. El nuevo programa no solo ajusta contenidos: redefine para qué sirve un docente de educación física.
Del plan 2018 al plan 2022
El plan vigente, de 2022, exige 319 créditos y 5,112 horas a lo largo de la licenciatura. Frente al de 2018, reorganiza la carga y la orienta hacia un perfil más amplio, en el que la actividad física se entiende como herramienta de salud y de formación integral, no solo como deporte o disciplina.
El sello de la Nueva Escuela Mexicana
El plan 2022 forma parte de la Nueva Escuela Mexicana, el modelo educativo nacional que pone el acento en lo comunitario, lo inclusivo y el bienestar. Bajo esa lógica, el maestro de educación física deja de ser solo un instructor de ejercicios para convertirse en un promotor de hábitos saludables y de convivencia dentro de la escuela.
El estudio coloca ese rediseño junto a un dato incómodo: cada vez menos jóvenes quieren formarse para ese oficio en Chiapas. La paradoja queda planteada: el plan pide un maestro más completo justo cuando la carrera atrae a menos aspirantes.
El estudiante de Tuxtla, entonces, egresará con una formación más exigente y un papel más amplio del que tuvieron sus propios maestros. El reto, sugiere la investigación, es que la carrera vuelva a resultar atractiva para que ese perfil llegue, de verdad, a las canchas y los patios de las escuelas chiapanecas.












