Carlos salió un 25 de marzo de El Salvador con rumbo a Estados Unidos, el motivo para irse era las amenazas que recibió de una de las bandas delictivas que imperan allá, el motivo fue que no quería unirse con ello.

Contaba con 23 años de edad y estaba casado con Ana de 21, con quien procreó un niño que actualmente tiene dos años de edad, sin embargo, tuvo que adelantar el viaje solo porque no quería poner en riesgo su vida y la de su familia.

Al llegar a Tapachula, Carlos le habló a Ana para decirle que había pagado ya al coyote para que lo llevara a Estados Unidos, constantemente le hablaba para informarle como iba en su ruta.

Sin embargo, el 25 de marzo recibió la última llamada desde Zacatecas, en donde le prometió que pronto mandaría por ellos, pero esto no sucedió porque desde esa fecha, se le perdió el rastro a Carlos. Como sí la tierra se lo hubiera tragado.

Ante la desesperación, Ana decidió salir de El Salvador para buscarlo y por las constantes amenazas que sufría de la banda de la cual no quiso revelar el nombre. El miedo que les tiene la hace vivir en el anonimato en Tapachula y no volvería jamás a su país.

Dijo sentirse sola en un país donde no conoce a nadie y ha buscado al consulado de su Tapachula, quien le ha aconsejado que acuda a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados para que pueda permanecer sin miedo a que la deporten.

Por lo pronto, busca ahorrar dinero e irse a Mexicali, donde se encuentra su mamá para iniciar una nueva vida, en donde tiene que resignarse a creer que Carlos ya no regresará quizás porque la abandonó, lo mataron o murió en el intento de cruzar a Estados Unidos.

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