
La vialidad más importante de Tuxtla representa un reto, adaptarse a una nueva forma de entender la ciudad o quedarse como un modelo que ya quedó atrás.
Fue a mediados del siglo XX cuando la Avenida Central de Tuxtla comenzó a transformarse bajo la idea de modernizarla y hacerla más eficiente para el crecimiento, respondiendo a la lógica de darle prioridad al automóvil.
Décadas después, existen anquetas reducidas, sin sombra, escasa accesibilidad y un entorno poco amigable para el peatón, contrastando con modelos que hoy predominan en otras ciudades de México y el mundo.
Para arquitectos y urbanistas, el problema no es solo de infraestructura, sino de visión. Desde ejercicios de idealización urbana, especialistas plantean una transformación con banquetas amplias, arbolado urbano, ciclovías integradas y espacios que inviten a caminar y convivir.
En imágenes realizadas con inteligencia artificial se hace una comparación y que deja ver que Tuxtla Gutiérrez sí cuenta con la base pero aún le falta dar el siguiente paso.
La Avenida Central representa un reto, adaptarse a una nueva forma de entender la ciudad o quedarse como un modelo que ya quedó atrás.















