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Chocohuital, el paraíso de Chiapas que se consume

ESPECIAL. El color de sus aguas no es el mismo, el ambiente comienza a soltar un tufo desagradable, el nivel comienza a bajar y en torno a ello hay tristeza. El problema: el taponamiento de la bocabarra que no permite se conecte el mar vivo con el estero.

El color de sus aguas no es el mismo, el ambiente comienza a soltar un tufo desagradable, el nivel comienza a bajar y en torno a ello hay tristeza. El problema: el taponamiento de la bocabarra que no permite se conecte el mar vivo con el estero de Chocohuital.

Comenzó hace un mes y medio y sus pobladores no advirtieron el grave problema, creyeron que era pasajero; a dos manos, palas y picos, cada uno colaboró para llegar a ese punto de conexión y quitar la arena acumulada, pero los trabajos eran en vano pues el oleaje regresaba con más fuerza.

Donde antes era una corriente natural que oxigenaba el agua del estero, ahora es una planicie, una extensión de la isla de Costa Azul. Por ese punto, ya no circula el agua, ya no ingresan peces, ya no salen lanchas para pescar; el agua se está estancando y por ende está bajando el nivel y la maravilla del municipio de Pijijiapan se está consumiendo.

 

Hay preocupación pero también acción

Silvio de la O Chávez es el agente municipal de Chocohuital y habló de cómo las y los pescadores, restauranteros, hoteleros y pobladores están padeciendo las consecuencias porque casi todo está parado ahí y en Costa Azul, Palo Blanco, Playa Grande y playas cercanas a El Fortín, afectando a unas 250 familias.

Todavía no hay una determinación profesional que revele la causa del taponamiento y por ello solicitan la ayuda gubernamental, para que realice los estudios y lo más importante, lo que urge, lo apremiante, que desazolven la bocabarra o que, como ellos, se empiece un nuevo camino, antes que la situación empeore.

En la desesperación, durante dos semanas se juntaron hasta 69 personas para abrir un nuevo paso de agua, pero el cansancio y la desilusión los venció. Cuando lograron formar un camino para que el mar se mezclara con el estero, ingresaba más arena de la que sacaban.

 

La vida en el mar, sigue

De momento, para seguir pescando están viajando a otra bocabarra que está a 30 kilómetros, la cual no logra suministrar de agua y de peces la zona de Chocohuital y Costa Azul. Eso representa que quienes pescan con anzuelo y atarraya apenas sacan para comer y quienes lo hacen en lancha, están gastando dos bidones de combustible, es decir, hasta 5 mil pesos, cuando antes gastaban mil pesos.

Si de por sí la pandemia por el COVID-19 les vino a generar un vacío económico, ahora las consecuencias están peores, lamentó Anita Pérez Martínez, restaurantera de Costa Azul, “vino un problema lejano, pero ahora es grave”.

“Si no vivimos de esto, ¿qué vamos a hacer?”, se preguntó Anita quien puso como ejemplo del calentamiento del agua porque se está estancando, que cascos de mula los están sacando abiertos y los peces se están muriendo y eso no lo pueden vender.

Al subir el costo de los elementos de pesca en altamar, también sube el precio pero como restauranteros acordaron no incrementar sus costos para evitar que el turismo se lleve una mala impresión no vuelva, pero no saben hasta cuándo puedan sostener esa postura.

 

Nunca había pasado

Abraham Arreola Ortiz es subagente municipal de Costa Azul, pero ante todo es pescador y ve cómo el cierre de la bocabarra está cerrando también sus esperanzas de lo que ha construido en ese sitio: casa, familia, ingresos, amigos.

Nunca había vivido una situación similar y empezó a conocer lo que es el “playazo”, es decir, que salen a la bocabarra más cercana pero la vuelta, para evitar gastar más combustible, atraviesan la isla y entre toda la comunidad toman la lancha para que los pescadores puedan salir.

El “playazo” les ayuda a disminuir el costo de la gasolina pero les puede afectar en su salud, porque el oleaje hace que los pescadores se golpeen o que ocurra un accidente.

El pescador Francisco Vázquez Mirabeth aseguró estar desesperado, porque el bloqueo está llevando su economía a pique y relató además cómo el agua al estancarse está desprendiendo un mal olor, lo que podría traer afectaciones al turismo.

“Si ustedes pueden ver el agua ya está cambiando de color, realmente la bocabarra el agua es clara, cristalina, el mar fluye y entra y sale el agua y estamos preocupados de que los peces se mueran porque no hay ese oxígeno”, lamentó.

Como nunca había pasado han hecho de todo, lo que ahora buscan es la ayuda gubernamental, de las dependencias, quieren que lleguen los expertos para que los ayude, para que Chochouital no pierda la maravilla que representa.

 

 

 

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