La inocencia de los desplazados

“que no sufran el temor de ser agredidos o asesinados sus papás.”

Viven entre plástico y cartones, comen de la caridad de la gente y son testigos de cómo sus padres luchan por sus derechos, ellos son los niños indígenas tsoltsiles desplazados del Ejido Puebla de San Pedro Chenalhó.

Pese a sus circunstancias, los más de 116 niños desplazados no pierden la inocencia y la alegría; corren, juegan y ríen en el Parque Central de Tuxtla Gutiérrez, donde sus padres instalaron desde el 2 de octubre un plantón indefinido por el incumpliendo de los acuerdos por parte del Gobierno Federal y Estatal.

Diversas organizaciones civiles han realizado acciones para ayudar a estos pequeños, muchos les han llevado comida, mientras que otros les acercan actividades artísticas como teatro y dibujo.

“Se han acercado varias organizaciones civiles para trabajar con los niños, para que no estén en este círculo de terror, que no sufran el temor de ser agredidos o asesinados sus papás. Gracias a ese apoyo los niños se tienen acompañados, protegidos y alegres”, dijo Julio César Pérez Ruiz, representante del Centro de Derechos Humanos Ku´untik.
Los 116 niños que van desde un mes hasta los 12 años de edad han estado presentes en cada manifestación de sus padres, de hecho hasta gritan sus propias consignas, pues por su condición no tienen acceso a derecho a una vida digna.

“Los niños comprenden que están luchando, que están sufriendo y que al igual que sus padres deben pelear por sus derechos. Ellos han sido vulnerados en salud, alimentación y educación. Se suponía que la Secretaría de Educación hizo un compromiso para enviarles maestros pero antes de bajar al plantón los profesores nunca llegaron”, aseguró, Pérez Ruiz.

El fin de semana mujeres activistas también acudieron al Parque Central de la capital chiapaneca a convivir con los desplazados, en especial los niños, a quienes les regalaron un carrito de juguete entre otros artículos de primera necesidad.

Los desplazados del Ejido Puebla de San Pedro Chenalhó requieren comida, agua, artículos de higiene personal, ropa y pañales para niños, ya que ante la indiferencia de las autoridades tendrán que seguir en el plantón en el zócalo de Tuxtla Gutiérrez.

Los niños desplazados no tienen un techo para vivir, pero tienen el amor de sus padres, quienes a pesar de lo difícil que es su vida mantienen a sus seres queridos juntos y unidos, como una verdadera familia.

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