Leyner, la reina de la noche

tacones grandes, ¡muy grandes!, se abren paso entre mesas; a pasos apresurados evaden a los eufóricos que aclaman a quien los porta: Alondra Leyner.

Crónica.

La noche es euforia: las luces multicolores encienden la energía, la música circuit dominan los pies y las manos de los rígidos y el alcohol manda a otro plano los pensamientos, los arroja al limbo.

Hay mujeres y hay hombres sobre palestras, están transformados, con pintas en sus cuerpos que hace resaltar sus músculos, sus piernas, sus pechos y sus nalgas. La temperatura aumenta más en la calurosa Tuxtla.

El lugar: Ángelo, como haciendo referencia a los emperadores bizantinos Isaac II, Alejo III y Alejo IV; en el lugar se elevan en las paredes figuras de los dioses, permeados de humo y luces; lo que contrasta con el exterior, escondido justo en el centro de la popular Terán, oscura y triste a esa hora.

El clímax ha llegado y es momento de que la noche reciba a su reina.
2:16 de la mañana, se apagan las luces pero inmediatamente se encienden violentas.

Dos tacones grandes, ¡muy grandes!, se abren paso entre mesas; a pasos apresurados evaden a los eufóricos que aclaman a quien los porta: Alondra Leyner.

♪♫♬  Mírame
no soy la misma de antes
esta sonrisa es por alguien
que quiero a morir  ♪♫♬

La multitud canta al unísono. Alondra en esta noche de primavera es Edith Márquez, se le reconoce en las letras, que aunque desentona con la figura de la ex Timbiriche, su talento no radica al cien en su identidad idéntica, sino en su chispa, su ángel, en ser ¡la Leyner!

La de peluca rubia, no más de 1.60 metros de estatura, morenaza que contrasta con el luminoso vestido ajustado, es atrevida, ¡pequeña pero atrevida!

-¡Toñita! – le gritan.
-Toñita tu chingada madre –revira, y la gente la aclama.

-Bienvenida mi gente, salud a los de este lado que vienen de Patria Nueva. Salud a los de este lado que están tomando whisky son los VIP ¡ellaaaaas! Los del fondo salud, allá pura pobreza, mis prendas.

Es la ironía y la risa, el insulto y el perdón inmediato. Los problemas se olvidan, la noche se vive y la Edith Márquez queda opacada por su imitación.

En la misma noche Leyner es Márquez y Alejandra Guzmán, más encendida, más audaz, quizá por la hora y los grados de alcohol, salta al escenario de nueva cuenta ataviada de botas hasta las rodillas, labios negros, melana corta, guantes oscuros, lentes que cubren media cara, chaleco que se pierde entre los leggins y que se pierde también entre las manos que ondean todas y cada una de las canciones:

♪♫♬  Mi manera de quererte
no tiene explicación
hoy quisiera devorarte a besos,
y no sé cómo decírtelo
que me estoy volviendo loca…  ♪♫♬

Entre canciones vuelan las cortesías de shots, los chistes, los concursos ardientes por botellas y las mentes se confunden y vuelan, vuelan al tiempo que Alondra emprende el viaje al camerino.

El circuit y las luces intentan llenar su partida, vuelven los cuerpos desnudos en tanto la noche se vuelve día y afuera, en Terán, empieza su cotidianidad, entre sus calles donde por cuadra se contrata marimba, se come tlayudas y se tapan las calles, como que ahí, en el “pueblo mágico de Terán”, nunca pasara nada…

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