Tuxtla despide al Señor de los Perros

Hay amigos que son como una estrella fugaz, que aparecen en tu vida para dejarte una enseñanza, algo breve, algo rápido, pero que marca el corazón. Adiós amigo, sé que estás en un lugar mejor, seguro la Panchita tiene una gran fiesta por reencontrarse contigo. Adiós #DonRubén”.

Ese fue uno de los mensajes que escribieron para Don Rubén Montesinos Chávez, mejor conocido en la capital chiapaneca como “el señor de los perros”, quien lamentablemente perdió la vida hace un par de días.

 

Fue a principios del 2016 cuando un grupo de rescatistas se percató de las condiciones precarias en las que Don Rubén vivía con sus perros. Muchos podrían pensar que él no tenía la capacidad para cuidarlos pero a diferencia de otras personas este hombre de más de 80 años tenías algo que pocos pueden presumir: amor a los animales.

No ganaba mucho, pero hasta que su cuerpo le permitió su sueldo era para comprarle comida a sus mascotas. Una manada de perros, gatos y gallinas, quienes en sus últimos años de vida fueron su única familia, pues sus hijos lo abandonaron.

Mientras podía caminar Don Rubén iba por las calles de Tuxtla Gutiérrez con sus perros, con quienes al ocultarse el sol regresaba a su pequeña casa ubicada al poniente de la ciudad.

 

Hace un año la situación de Don Rubén empeoró, por lo que las rescatistas comenzaron a velar por su salud y su hogar y gracias al apoyo de la gente pudo pasar sus últimos días en un hogar mejor, pero sobre todo con el amor que su familia no quiso darle.

Esta semana Don Rubén perdió la vida, pero no el amor y el respeto de quienes lo conocieron. Un hombre que se quitó el pan de la boca para dárselo a seres que nunca se lo pidieron o exigieron. Hoy le sobreviven seis perros, cuatro hembras y dos machos, los cuales necesitan urgentemente de un hogar en donde tengan el mismo amor que Don Rubén les daba.

Don Rubén Montesinos no morirá, su recuerdo quedará en todas las personas que tuvieron la oportunidad de ver cómo y cuánto amaba a sus mascotas, que no eran más que sus amigos, sus hijos, su familia.

Un señor que pese a todo siempre tenía una sonrisa para agradecer el apoyo y que buscaba la manera de retribuir. A Don Rubén habrá que agradecerle por enseñarle a los tuxtlecos a amar sin esperar nada a cambio.

 

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