En Arriaga, un estudio documenta el saber sobre 51 especies útiles. Habitantes de la zona costera recurren al uso de medicina tradicional para curar enfermedades.
En el ejido Lázaro Cárdenas, a diez kilómetros de Arriaga, un abuelo de más de ochenta años hierve unas hojas de verbena y explica para qué sirve cada planta del patio. Aprendió a leer el campo, el cielo y los animales antes que las letras. Ese saber, que tardó toda una vida en reunirse, hoy cabe en una investigación.
Dos investigadores documentaron ese conocimiento en una comunidad ganadera del municipio de Arriaga, en el límite de la Reserva de la Biosfera La Sepultura. El estudio, publicado en la revista Etnobiología, registró 34 especies de plantas y 17 de animales con usos en la medicina tradicional, la alimentación, la ganadería y la predicción del clima.
Un saber que guardan los abuelos
Samir Cruz-Madrigal, quien creció en el ejido, y Roberta Castillo-Martínez, de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo, combinaron la etnografía con quince entrevistas a personas mayores de 65 años, consideradas “depositarias de la memoria biocultural”. El trabajo de campo se hizo entre agosto de 2024 y abril de 2025. La mayoría de los participantes pidió no ser fotografiada, una solicitud que el estudio respetó.
Cuatro formas de usar el monte
El conocimiento documentado se reparte en cuatro grandes usos. Las plantas predominan en la medicina y la cocina; los animales, en la alimentación.
| Uso | Qué abarca |
|---|---|
| Medicina tradicional | 19 plantas y 6 animales para distintos malestares |
| Alimentación | 10 plantas y 13 animales en platillos locales |
| Ganadería | Hojas y frutos que sirven de forraje en la sequía |
| Predicción del clima | Cabañuelas, canícula y aves que anuncian lluvias y vientos |
Ese último apartado tiene vida propia: en el ejido leen el clima del año con las cabañuelas y el canto de las aves. Entre las plantas más citadas están la verbena, el nanche y la maravilla; entre los animales, el caracol de río llamado chuti, el popoyote y la iguana.
Un conocimiento que conviene tomar con cautela
El estudio aclara que se trata de saberes tradicionales, no de tratamientos comprobados. Algunas plantas se emplean para afecciones digestivas o respiratorias, pero la investigación también registró creencias que asocian a ciertos animales con el tratamiento del cáncer, un conocimiento que —advierten los autores— carece de respaldo científico y debería estudiarse antes de darse por válido. Ante cualquier enfermedad, la recomendación sigue siendo acudir a servicios médicos.
El trabajo prende, además, un foco de alerta: varias de las especies aprovechadas, como la caoba y la iguana negra, figuran en listas de riesgo, lo que abre la pregunta de cómo conservar el saber sin agotar lo que lo sostiene.
El abuelo del ejido Lázaro Cárdenas, mientras tanto, sigue hirviendo sus hojas y nombrando cada planta. Ese conocimiento pasó de generación en generación durante más de un siglo. Hoy, dice el estudio, depende de que alguien lo escriba, lo valore y lo cuide antes de que se pierda con quienes lo guardan.
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