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Medicina milenaria amenazada por el olvido en Chiapas

Una investigación sobre el conocimiento tradicional del ejido Lázaro Cárdenas, publicada en la revista Etnobiología, documentó 19 plantas y seis animales que la comunidad ha usado con fines medicinales.

Cuando alguien del ejido Lázaro Cárdenas se enfermaba, antes de pensar en la farmacia se pensaba en el monte. Una abuela de Arriaga todavía recuerda qué hoja era para el dolor de estómago y cuál para la tos. Ese saber, dice un estudio, se está apagando con su generación.

Una investigación sobre el conocimiento tradicional del ejido, publicada en la revista Etnobiología, documentó 19 plantas y seis animales que la comunidad ha usado con fines medicinales. Conviene decirlo de entrada: se trata de creencias y prácticas tradicionales documentadas, no de tratamientos con respaldo científico.

Un botiquín hecho de plantas

Buena parte del repertorio son hierbas del patio y del monte —como la verbena, la maravilla o el nanche— a las que se atribuyen usos para malestares digestivos, respiratorios o dolores comunes. Su empleo se transmitió de boca en boca durante generaciones, sin dosis ni prescripción formal.

Remedios de origen animal y una advertencia necesaria

El estudio también registró seis animales asociados a distintos padecimientos. Entre ellos hay creencias que vinculan a especies como el cocodrilo y la víbora de cascabel con el tratamiento del cáncer. Esa asociación no tiene sustento científico: los propios autores advierten que es un conocimiento que tendría que investigarse antes de darse por válido. Ante el cáncer o cualquier enfermedad, la única recomendación responsable es acudir a servicios médicos. A ello se suma que varios de esos animales están catalogados como especies en riesgo.

Un saber que se desvanece

Más que un recetario, lo que el estudio rescata es una memoria. La medicina de farmacia, más accesible y eficaz, ha ido desplazando a estos remedios, y con ello se pierde una parte del patrimonio biocultural de la región. Documentarlo, dicen los investigadores, es una forma de que no desaparezca del todo.

La abuela de Arriaga seguirá nombrando sus hierbas mientras pueda. Su saber vale como historia e identidad de un pueblo; para sanar, en cambio, el camino sigue siendo el médico. Eso es lo que está en juego: preservar el conocimiento como herencia, no como receta.

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