
21 maíces amarillos —híbridos, variedades mejoradas y criollas— en tres localidades del centro de Chiapas, fueron parte de un estudio de rendimiento.
En un predio a las orillas de Ocozocoautla, un productor abre un costal y deja correr entre los dedos los granos amarillos que guardó de la cosecha pasada. Es julio, la tierra ya pide semilla y vuelve la duda de cada temporal: sembrar el maíz criollo que heredó o arriesgarse con una semilla mejorada que promete rendir más. De esa decisión depende lo que comerá su familia y lo que podrá vender.
Esa decisión ahora tiene respaldo científico. Un estudio del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), publicado en la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas, evaluó 21 maíces amarillos —híbridos, variedades mejoradas y criollas— en tres localidades del centro de Chiapas durante el ciclo primavera-verano de 2018, para definir cuáles rinden más bajo temporal.
Las pruebas se sembraron en Jiquipilas, Villaflores y Ocozocoautla, en un año golpeado por la canícula, que recortó los rendimientos. Aun así, varios materiales del INIFAP igualaron a las semillas comerciales de las grandes empresas.
Los híbridos que igualaron a las semillas comerciales
Tres híbridos del INIFAP encabezaron los resultados: el H-443A, con 5.748 toneladas por hectárea; el REMACO15A, con 5.608; y el H-386A, con 5.514. La prueba estadística no encontró diferencia significativa entre estos tres y los mejores híbridos comerciales usados como testigos. En el campo rindieron igual que la semilla de las transnacionales.
| Genotipo | Tipo | Rendimiento (t/ha) |
|---|---|---|
| H-443A | Híbrido INIFAP | 5.748 |
| REMACO15A | Híbrido INIFAP | 5.608 |
| H-386A | Híbrido INIFAP | 5.514 |
| Población Amarilla C1 | Variedad mejorada INIFAP | 4.8 |
| Olotillo Amarillo-1 | Criolla de Ocozocoautla | 3.1 |
Una variedad chiapaneca que compite con las transnacionales
Entre las variedades de polinización libre destacó la Población Amarilla C1, con 4.8 toneladas por hectárea. Superó a testigos comerciales como Sur-42 y NA-35. Es un material formado por el propio INIFAP en Chiapas, a partir de germoplasma de híbridos y de variedades criollas locales, pensado para la región tropical del centro del estado.
El criollo de Ocozocoautla que aguantó
De las variedades nativas, la mejor fue el Olotillo Amarillo-1, originario de Ocozocoautla, con 3.1 toneladas por hectárea. Rinde menos que los híbridos, pero confirma el valor de los maíces criollos chiapanecos, adaptados durante generaciones al suelo y al clima locales. El estudio recuerda que algunas variedades de Olotillo amarillo han alcanzado hasta 5.5 toneladas por hectárea en buenas condiciones en Ocozocoautla y Villaflores.
Por qué importa para el campo de Chiapas
México es uno de los mayores importadores de maíz amarillo del mundo. En 2016 compró al exterior casi 13 millones de toneladas, por más de 2,300 millones de dólares, según cifras de la Secretaría de Agricultura y el SIAP. Ese grano se destina sobre todo a alimentar ganado y a la industria.
Chiapas tiene un papel clave: aporta cerca del 14.5 % del maíz amarillo nacional, aunque dentro del estado este grano sigue siendo minoritario frente al maíz blanco. La información oficial del gobierno de Chiapas ubica al maíz como el cultivo que más aporta al valor de la producción agrícola estatal. El argumento del INIFAP es directo: sembrar sus variedades amarillas ayudaría a reducir esa dependencia.
El propio estudio matiza que el reto no es solo genético. Para que estas semillas lleguen al productor hace falta semilla registrada disponible, paquetes de manejo agronómico y acompañamiento técnico.
De vuelta en Ocozocoautla, el productor todavía sopesa el costal. La ciencia ya le dice que existen semillas —algunas nacidas en su propia tierra, como el Olotillo amarillo— capaces de rendir sin depender del grano importado. Lo que falta, advierte el estudio, es que esa semilla esté al alcance de su mano cuando la tierra, otra vez, pida grano.











