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Chiapas, el estado que la 4T no pudo sacar de la pobreza

Entorno de pobreza en Chiapas durante la Cuarta Transformación, 2026

De cada cien personas que el país sacó de la pobreza extrema entre 2018 y 2024, apenas dos y media eran chiapanecas. De acuerdo al INEGI, la entidad concentraba el 22.9% de toda la pobreza extrema de México.

Antes del amanecer, en una vivienda de tablas de la zona alta de San Andrés Larráinzar, una mujer tsotsil enciende la lumbre, calienta el café de la víspera y reparte tortillas frías entre cuatro hijos antes de que el más grande salga a buscar trabajo en la cabecera. La tarjeta del programa social llegó puntual el mes pasado. El empleo, no. En esa rutina —el apoyo que llega y el trabajo que falta— cabe entera la paradoja que define a Chiapas.

Entre 2018 y 2024, México vivió la mayor reducción de pobreza de su historia reciente: 13.4 millones de personas dejaron esa condición, según la medición de pobreza multidimensional que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó en agosto de 2025, ya sin el extinto Coneval. Chiapas, el estado más pobre del país, casi no se movió. De cada cien personas que el país sacó de la pobreza extrema, apenas dos y media eran chiapanecas.

El dato que no cuadra con el discurso

La cifra es contundente. Chiapas concentraba el 22.9% de toda la pobreza extrema de México, pero solo aportó el 2.5% de su reducción nacional: 42 mil 994 personas en seis años. En el mismo periodo, el estado siguió encabezando la lista nacional, con el 66% de su población en pobreza multidimensional y el 27.1% en pobreza extrema, los porcentajes más altos del país.

Un análisis académico reciente, firmado por investigadores de la Universidad Autónoma de Chiapas y publicado en una revista arbitrada del sureste mexicano, puso números a esa distancia entre la promesa y el resultado. Los autores construyeron un indicador al que llamaron «efecto techo»: mide cuánto de su margen real de reducción aprovechó cada entidad. Chiapas, con un potencial teórico de 3.5 millones de personas por encima de la línea de pobreza, solo concretó alrededor de 300 mil. Una eficacia del 8.5%. Más del 91% del margen quedó sin tocar.

Cuando el dinero llega pero la pobreza se queda

El contraste se vuelve más áspero al mirar hacia el norte. Nuevo León, que partía de niveles de pobreza bajos, redujo casi seis veces más de lo que su propio margen teórico anticipaba. Chiapas hizo lo contrario: recibió transferencias federales crecientes y aun así la aguja apenas se movió.

Para los investigadores, el problema no es la falta de recursos, sino el diseño. Las políticas se sostuvieron en transferencias monetarias —apoyos directos a las familias— mientras el núcleo duro de la pobreza chiapaneca, estimado en más de 600 mil personas, arrastra carencias simultáneas en educación, salud y vivienda que un depósito mensual no resuelve. El gasto social alivió, pero no transformó.

Esa es la conclusión que recorre todo el estudio y que conviene leer despacio, porque resume tres décadas de política pública en Chiapas: el asistencialismo da alivio temporal, pero sin inversión productiva las brechas se profundizan. No es una consigna. Es lo que los números del sexenio dejaron ver en la entidad más pobre del país.

Una herida vieja

La pobreza chiapaneca no nació con esta administración ni se resolverá en un sexenio. Es estructural, arraigada en la limitada capacidad del estado para generar riqueza por sí mismo y en mecanismos de distribución que históricamente han fallado. Por eso los grandes motores nacionales que sí redujeron la pobreza en otras regiones —el alza del salario mínimo, los programas sociales, las remesas— mostraron en Chiapas una efectividad amortiguada. Llegaron, pero chocaron contra un piso que no cambió.

En la próxima entrega de esta serie veremos por qué: la raíz económica de esa pobreza está en un mercado laboral roto, donde solo uno de cada diez chiapanecos tiene un empleo formal.

De vuelta en San Andrés Larráinzar, la mujer tsotsil guarda la tarjeta del programa en un cajón de la cocina. El depósito volverá el mes que viene, puntual. Lo que no vuelve, todavía, es el trabajo que le permitiría no depender de él.

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