
El fenómeno que la NOAA ya vigila empuja una temporada de lluvias atípica para el estado. No solo amenaza con inundar: también puede secar la cosecha y encarecer la canasta básica de las familias chiapanecas.
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas · 28 de mayo de 2026
Un maicero del Soconusco sale al patio antes del amanecer y mira el cielo. Conoce el ritual de cada mayo: contar los días para que la lluvia se asiente, calcular cuánta agua queda en el pozo y decidir si arriesga la siembra o espera. Tiene grabado en la memoria octubre de 2005, cuando el huracán Stan se llevó los puentes, los caminos y las casas de media Sierra. Este año el cielo le manda señales contradictorias: lluvias que llegan de golpe y un calor que no afloja. No se equivoca al desconfiar.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) mantiene a Chiapas bajo lluvias puntuales intensas en su pronóstico meteorológico general del 28 de mayo, dentro de una temporada que será distinta a las recientes. La razón tiene nombre: El Niño, el fenómeno climático que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ya vigila oficialmente y que, para Chiapas, abre un doble frente: un Pacífico más activo de lo normal y un campo expuesto a la sequía.
Qué es El Niño 2026 y por qué Chiapas debe mirar al Pacífico
El Niño es la fase cálida de un patrón del océano Pacífico que altera lluvias y vientos en todo el continente. El Centro de Predicción Climática de la NOAA declaró el fin de La Niña y emitió un «aviso de El Niño»: prevé que se forme pronto —con una probabilidad cercana al 82 % para el verano— y que se mantenga hasta el invierno 2026-2027. Los modelos del Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI) elevan esa probabilidad hasta 97 %, y algunos apuntan a un evento fuerte, lo que la prensa especializada ya llama un posible «súper Niño».
El dato clave para el estado está en cómo reparte sus efectos. El Niño tiende a frenar los huracanes del Atlántico, pero potencia los del Pacífico oriental, la cuenca que baña la costa de Chiapas. Por eso el pronóstico nacional, que para muchos estados luce tranquilo, para los chiapanecos significa lo contrario.
| Cuenca | Sistemas con nombre | Tormentas tropicales | Huracanes cat. 1-2 | Huracanes mayores (cat. 3-5) |
|---|---|---|---|---|
| Pacífico (toca Chiapas) | 18 a 21 | 9 a 10 | 5 a 6 | 4 a 5 |
| Atlántico | 11 a 15 | 7 a 8 | 3 a 5 | 1 a 2 |
El promedio histórico del Pacífico es de 15 sistemas; la temporada 2026 se proyecta por encima de esa cifra. El SMN estima que alrededor de 5 ciclones podrían impactar directamente territorio mexicano. La temporada del Pacífico arrancó el 15 de mayo y la del Atlántico inicia el 1 de junio.
Dónde pega y qué significa para los chiapanecos
El estado enfrenta el agua por tres flancos distintos. En la costa, el Soconusco y el Istmo, los ciclones del Pacífico traen vientos, marejada y lluvias torrenciales que detonan deslaves en la Sierra Madre. En la zona metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, el riesgo es urbano: la capital drena por 23 arroyos y el río Sabinal, cuyo cauce no resiste precipitaciones extremas. Apenas el 27 de mayo, una tormenta dejó el Sabinal cerca del 80 % de su capacidad, bajo Alerta Naranja y con rescates de familias en zonas bajas. En los Altos y la Sierra, el peligro es el deslizamiento de laderas saturadas. El mapa de zonas vulnerables puede consultarse en el Atlas Nacional de Riesgos.
El expediente Stan: lo que un mal año le cuesta a Chiapas
La historia ofrece la medida exacta del riesgo. Según el balance del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), los huracanes Stan y Wilma dejaron en 2005 daños por 21 mil 062 millones de pesos en cinco entidades. El 71 % de esa cifra se concentró en Chiapas. El estado también sumó 86 de las 98 muertes ocurridas en el país por Stan. La evaluación de Cenapred y la CEPAL catalogó 12 mil 500 viviendas como pérdida total, casi siete de cada diez en comunidades rurales.
El golpe se repartió en sectores que un chiapaneco reconoce de inmediato: comunicaciones y transportes (34 % de los daños), el sistema hidráulico (21 %) y el sector agropecuario (18 %). En Motozintla, los ríos Allende, La Mina y Xelajú se desbordaron sobre más de 22 barrios y obligaron a abrir cientos de albergues, donde la gente vivió desde quince días hasta seis meses. Esa es la factura que la prevención busca evitar.
El otro rostro de El Niño: la sequía que vacía el plato y el bolsillo
Chiapas tiene la mayor precipitación del país —entre 3 mil y 4 mil 500 milímetros al año—, así que el problema rara vez es la falta de agua, sino su mala distribución. Aquí entra el lado menos comentado de El Niño. En pleno temporal existe una pausa sin lluvia, la canícula, que normalmente dura dos o tres semanas en julio y es vital para que germine el maíz. En años de El Niño esa pausa se alarga: en el ciclo 2014-2015 se estiró entre 45 y 90 días y arruinó la primera etapa del cultivo, según documentó la investigación académica sobre el impacto de El Niño en la agricultura del maíz de Chiapas.
No es un riesgo teórico. En 2025, Conagua midió 21 % menos lluvia que el promedio entre el 1 y el 29 de julio en el sur y sureste del país. La Confederación Nacional Campesina reportó a unos 1,500 productores del Soconusco, la Costa y la Frontera Sur en crisis, con cerca de 600 hectáreas de maíz perdidas solo en Frontera Hidalgo. Ese fenómeno también presiona al café chiapaneco, el cultivo del que viven cientos de miles de familias en la Sierra.
De ahí salta al bolsillo de todos. Cuando una sequía prolongada o un ciclón arrasan la cosecha de temporal, baja la oferta de maíz, frijol y café, y los precios de la tortilla y de la canasta básica suben en los mercados de Tuxtla, San Cristóbal y Tapachula. El daño no se queda en el campo: termina en la mesa urbana.
| Presa | Municipio | Llenado |
|---|---|---|
| La Angostura (Belisario Domínguez) | Venustiano Carranza | 63.5 % |
| Chicoasén (Manuel Moreno Torres) | Chicoasén | 84.7 % |
| Malpaso (Nezahualcóyotl) | Mezcalapa | 61.1 % |
| Peñitas (Ángel Albino Corzo) | Ostuacán | 81.3 % |
Chicoasén y Peñitas entran a la temporada con niveles altos, lo que reduce su margen para regular avenidas si las lluvias se intensifican. El nivel diario puede seguirse en el Sistema de Información Hidrológica de Conagua.
Qué hacer: el plan que cabe en una mochila
La diferencia entre un desastre y una emergencia controlada es la preparación. El Cenapred y la Coordinación Nacional de Protección Civil recomiendan elaborar un Plan Familiar de Protección Civil: definir rutas de evacuación, un punto de reunión, los números de emergencia y un lugar seguro para las mascotas. Junto a él, la mochila de emergencia debe estar lista antes, no durante, la contingencia.
| Categoría | Qué incluir |
|---|---|
| Agua y alimento | Mínimo 1.5 litros de agua por persona; alimentos no perecederos (atún, galletas, granola, barras). |
| Documentos | Actas, identificaciones y pólizas en una bolsa hermética, con una hoja de contactos de emergencia. |
| Salud y luz | Botiquín, medicamentos personales, linterna y radio de pilas con baterías de repuesto. |
| Mascotas | Transportadora accesible y placa con número de contacto. |
Conviene revisar el contenido cada seis meses. Para el campo aplica el mismo principio: asegurar techos, resguardar fertilizantes en alto y, donde exista, contratar el seguro agrícola. La regla más simple salva vidas todos los años: no cruzar calles ni cauces convertidos en ríos, y evacuar cuando la autoridad lo indique, sin esperar al último momento. Este 2026 el Sistema Nacional de Protección Civil cumple cuarenta años bajo el lema «la prevención es nuestra fuerza».
El maicero del Soconusco, mientras tanto, sigue mirando el cielo. Su decisión de sembrar o esperar depende de un fenómeno del océano que él no controla. Pero lo que sí está en sus manos —y en las de cada familia chiapaneca— es no volver a ser sorprendido como en 2005. El Niño ya viene. La pregunta es si Chiapas llega preparado.









