
De cada 100 chiapanecos con trabajo, casi 53 ganan menos del salario mínimo, trabajan jornadas excesivas por una paga corta o laboran menos horas de las que necesitan.
En el mercado de Tuxtla Gutiérrez, una mujer que vende tostadas desde antes del amanecer hace una cuenta que el resto del país casi nunca ve: trabaja diez o doce horas, sostiene a su familia con ese puesto, no tiene seguro social, contrato ni aguinaldo, y al final del día lo que junta apenas roza el salario mínimo. No aparece en las estadísticas de desempleo —porque sí trabaja—, pero encarna el dato que esta semana volvió a colocar a Chiapas en el último lugar del país: más de la mitad de quienes tienen empleo en el estado lo hacen en condiciones críticas.
Chiapas registró la tasa de condiciones críticas de ocupación más alta de México en el primer trimestre de 2026, con 52.8 por ciento de su población ocupada, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que el INEGI publicó el 26 de mayo.
La cifra significa que de cada 100 chiapanecos con trabajo, casi 53 ganan menos del salario mínimo, trabajan jornadas excesivas por una paga corta o laboran menos horas de las que necesitan. El promedio nacional de ese mismo indicador fue de 38.8 por ciento; Chiapas lo rebasa por 14 puntos.
Qué mide la “ocupación crítica”
La tasa de condiciones críticas de ocupación (TCCO) no cuenta a los desempleados. Cuenta a quienes sí tienen trabajo, pero en circunstancias precarias. El INEGI la integra con tres grupos: las personas que trabajan menos de 35 horas a la semana por razones ajenas a su voluntad, las que trabajan más de 35 horas con un ingreso mensual por debajo del salario mínimo, y las que laboran más de 48 horas semanales y ganan hasta dos salarios mínimos. Es, en los hechos, el termómetro de la precariedad laboral.
Por eso el dato pesa más en Chiapas que en otras entidades: el problema no es que falte trabajo, sino la calidad de ese trabajo. La tasa de desocupación estatal fue de apenas 2.4 por ciento, una de las más bajas del país. La gente trabaja; lo que escasea es el empleo digno.
Chiapas frente al resto del país
El comparativo nacional del INEGI deja a Chiapas en el extremo más alto de la precariedad y en el más bajo de la formalidad:
| Entidad | Condiciones críticas (TCCO) | Informalidad laboral |
|---|---|---|
| Chiapas | 52.8 % (la más alta) | 75.3 % |
| Puebla | 46.2 % | 70.9 % |
| Tamaulipas | 46.1 % | 44.3 % |
| Tlaxcala | 45.8 % | 71.2 % |
| Oaxaca | 35.2 % | 79.9 % (la más alta) |
| Nuevo León | 23.4 % (la más baja) | 34.9 % |
| Promedio nacional | 38.8 % | 54.8 % |
El mismo boletín colocó a Chiapas en el tercer lugar nacional de informalidad laboral con 75.3 por ciento, solo detrás de Oaxaca y Guerrero. Pero el indicador donde la entidad encabezó la lista, sin ningún otro estado por encima, fue el de condiciones críticas. El estado también tuvo la tasa de trabajo asalariado más baja del país: apenas 46.3 por ciento, frente al 66 por ciento nacional, lo que confirma que el empleo chiapaneco se sostiene sobre el autoempleo y los micronegocios, no sobre la nómina formal.
Tapachula y Tuxtla, entre las ciudades más golpeadas
El desglose por área metropolitana confirma que el fenómeno se concentra en las dos principales ciudades chiapanecas. Tapachula registró una TCCO de 53.1 por ciento, una de las más altas entre las 39 zonas metropolitanas que mide el INEGI, y Tuxtla Gutiérrez alcanzó 45.6 por ciento. Ambas figuran entre las ciudades del país con mayor proporción de ocupación crítica, junto con Reynosa, Tlaxcala, Acapulco y Cuernavaca.
En contraste, ciudades como Monterrey (19.6 por ciento), Chihuahua (22.1 por ciento) y Hermosillo (23.4 por ciento) mostraron los niveles más bajos, lo que dibuja la brecha estructural entre el norte industrial y el sur del país.
Un patrón que se sostiene en el tiempo
El dato no es nuevo ni accidental. Chiapas también encabezó la TCCO en el tercer trimestre de 2025, cuando alcanzó 47.3 por ciento. El salto a 52.8 por ciento en este primer trimestre de 2026 muestra que la precariedad laboral no solo persiste, sino que se profundizó en el arranque del año.
Detrás de cada décima de ese porcentaje hay historias como la de la vendedora de tostadas del mercado de Tuxtla: personas que madrugan, que sostienen hogares y que aparecen como “ocupadas” en las cuentas oficiales, pero cuyo trabajo no alcanza para salir de la precariedad. La estadística que volvió a poner a Chiapas en el último lugar del país no habla de quien no trabaja, sino de cuánto cuesta trabajar aquí sin que el esfuerzo se traduzca en bienestar.












