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La Selva Lacandona perdió 72% de su extensión original: quién deforesta hoy y quién no se nombra

Selva Lacandona perdió 72% en un siglo. Palma africana, ganadería y permisos sin vigilancia aceleran deforestación en Chiapas. Conoce el impacto.

La Selva Lacandona perdió 72% de su extensión original. La pérdida acelerada de las últimas dos décadas tiene nombre y cadena de valor: palma africana, ganadería extensiva y permisos forestales sin vigilancia.

La Selva Lacandona pierde aproximadamente 3,000 hectáreas anuales según datos de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn). Su extensión original de 1.8 millones de hectáreas se ha reducido a menos de 500 mil, una pérdida del 72%. Los datos son conocidos. Lo que las cifras agregadas no dicen es quién deforesta hoy: el discurso oficial sigue señalando al campesino indígena, pero las investigaciones académicas y los registros oficiales apuntan a una cadena agroindustrial —con la palma africana al centro— que opera con permisos legales y sin fiscalización efectiva.

La Lacandona en cifras

1.8 M ha extensión original aproximada de la Selva Lacandona
500 mil ha superficie restante según datos Semahn 2026
3,000 ha deforestación anual estimada actual
20% biodiv. de México se concentra en la Reserva de la Biosfera Montes Azules

Fuentes: Semahn · CONABIO · Natura y Ecosistemas Mexicanos A.C. (NEM) · CONAFOR

La cronología de la pérdida

El historiador Jan de Vos documentó con detalle el primer ciclo de tala industrial en la Lacandona, iniciado a finales del siglo XIX por concesiones madereras de empresas estadounidenses y mexicanas. Esa primera ola terminó con la Revolución. La segunda ola arrancó a mediados del siglo XX: en 1949 la Vancouver Plywood Company se asoció con empresarios de la Ciudad de México para crear Maderera Maya, con concesiones por más de 400 mil hectáreas en la zona norte de la selva. En 1964, Aserraderos Bonampak de Campeche se integró a la cadena con maquinaria moderna que aceleró la extracción.

Para los años setenta, el Estado intervino con dos figuras: el decreto de la Comunidad Zona Lacandona (1972), que reconoció 600 mil hectáreas a un grupo reducido de comunidades, y la creación de la Compañía Forestal de Lacandona (1974), que pretendía nacionalizar la extracción. En 1978 se decretó la Reserva de la Biosfera Montes Azules (REBIMA) con 331,200 hectáreas, ahora administradas por la CONANP. Pese a esas figuras de protección, la deforestación no se detuvo. A partir del año 2000 se aceleró.

El motor reciente: la palma africana

Chiapas es el principal productor nacional de aceite de palma. La superficie sembrada con palma africana en el estado se multiplicó en las dos últimas décadas. La cadena de valor pasa por los municipios de Acapetahua, Mapastepec, Pijijiapan, Tonalá y Marqués de Comillas, este último colindante con la Selva Lacandona. El cultivo es atractivo para productores rurales porque ofrece ingreso estable, contratos de largo plazo con plantas extractoras de aceite y financiamiento. Pero la conversión de selva original a plantación industrial es uno de los cambios de uso de suelo más drasticos: la palma sustituye la cobertura forestal nativa y reduce de manera irreversible la biodiversidad asociada.

El Banco de México publica estadísticas de importación y exportación de aceite de palma. La industria de alimentos procesados, productos de higiene personal y biocombustibles es la principal consumidora final. La trazabilidad entre el aceite que se consume en una galleta o un detergente y la finca específica que sustituyó selva por palma sigue siendo, en México, difícil de establecer para el consumidor.

Los actores que sostienen el modelo

Actor Forma en que opera Marco legal
Plantaciones de palma Cambio de uso de suelo en áreas colindantes o dentro de zonas de amortiguamiento Permisos Semarnat-Semahn (irregulares en algunos casos)
Ganadería extensiva Apertura de pastizales mediante quemas Sin permisos en su mayoría; cambio de uso de suelo no autorizado
Tala clandestina nocturna Extracción selectiva de maderas preciosas Ilegal; fiscalización por Profepa-Semahn insuficiente
Aprovechamientos forestales legales Permisos a comunidades y empresas con planes de manejo CONAFOR-Semarnat; cumplimiento variable
Asentamientos irregulares Ocupación por desplazamiento, conflicto agrario o migración interna Tenencia irregular; CONANP documenta 25 invasiones a REBIMA en 1994-2002

Lo que sí funciona: el modelo NEM

La organización Natura y Ecosistemas Mexicanos A.C., con apoyo de la Fundación Carlos Slim y en coordinación con la CONANP, ha logrado mantener una tasa de deforestación muy baja en aproximadamente 250 mil hectáreas dentro de la Reserva de la Biosfera Montes Azules. El modelo combina:

  • Vigilancia comunitaria con personal contratado de las propias comunidades.
  • Restauración ecológica de riberas y zonas de uso.
  • Reproducción asistida de fauna en peligro (Centro de Recuperación de la Guacamaya Roja en Yaxchilán, con un incremento poblacional documentado del 30%).
  • Aplicación del Pago por Servicios Ambientales en ejidos colindantes.

Lo que muestra el caso NEM es que, cuando existe inversión sostenida, fortalecimiento de capacidades locales y vigilancia con presencia constante, la pérdida puede contenerse. Lo que falta es que ese modelo se replique con presupuesto público equivalente en las hectáreas que hoy no tienen ese acompañamiento.

REDD+ y la crítica desde las propias comunidades

A partir de 2010, el programa REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) se implementó en México como mecanismo asociado a mercados internacionales de carbono. La lógica es que las comunidades reciben pagos por conservar sus bosques y selvas, financiados por compradores de créditos de carbono. En Chiapas, la implementación del programa ha sido cuestionada de manera reiterada por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC, y por organizaciones del sureste mexicano, que han señalado públicamente que el dispositivo opera en la práctica como un mecanismo de “privatización del aire de los bosques” y limita el acceso comunitario a recursos forestales.

La crítica de fondo no es contra la idea de pagar por la conservación, sino contra el diseño institucional de los programas, que tienden a centralizar decisiones, condicionar el uso del territorio y dejar a las comunidades en posición de receptoras pasivas en vez de gestoras del bosque. Las investigaciones del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social Sureste (CIESAS Sureste) y de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) coinciden en que la conservación efectiva en la Lacandona requiere reconocer el papel histórico de las comunidades como guardianas del territorio.

El historiador Jan de Vos describió la historia de la Lacandona como tres olas sucesivas de extracción y población donde la frontera entre lo legal y lo ilegal se mantuvo siempre porosa: lo que primero fue concesión maderera oficial, luego fue tala clandestina; lo que primero fue colonización promovida por el Estado, luego fue invasión a área protegida. La selva paga por una incoherencia institucional acumulada durante más de un siglo.

— Lectura del trabajo historiográfico de Jan de Vos sobre la Selva Lacandona, autor de la obra de referencia sobre el proceso histórico de tala y colonización de la región.

El conflicto agrario que tampoco se nombra

La Reserva de la Biosfera Montes Azules tiene en su polígono asentamientos humanos previos al decreto de 1978. La Comunidad Zona Lacandona, reconocida por el decreto de 1972, comparte territorio con otros grupos campesinos e indígenas que llegaron como parte de migraciones internas alentadas por el propio gobierno federal entre las décadas de 1950 y 1970. El conflicto entre figuras agrarias (ejido, propiedad comunal, pequeña propiedad), figuras de conservación (área natural protegida, zona de uso restringido) y derechos históricos de las comunidades indigenas sigue sin resolverse de fondo.

El caso de los tres poblados de la Cuenca del Río Negro, afiliados a la Asociación Rural de Interés Colectivo Unión de Uniones Independiente y Democrática (ARIC-UU-ID), ilustra el problema: viven dentro de la zona de uso restringido de la REBIMA y han buscado durante décadas la regularización de su tenencia sin obtener respuesta gubernamental clara. En esos contextos, el discurso oficial que culpa al “campesino indígena que tumba selva para sembrar maíz” omite que la mayoría de esas familias no decidió estar ahí: fueron colocadas o llegaron como parte de proyectos de poblamiento previos.

Lo que queda por preguntar

La narrativa oficial de la deforestación en la Lacandona suele centrarse en la responsabilidad del campesino indígena que abre milpa o que vende madera de manera clandestina. Esa parte del fenómeno existe y está documentada. Lo que esa narrativa omite es la cadena agroindustrial más grande —palma africana, ganadería extensiva, permisos forestales legales sin vigilancia— que opera con marco institucional y cuyos consumidores finales están lejos de Chiapas. La pregunta de fondo es cuándo la política pública chiapaneca y federal va a fiscalizar de manera efectiva esa cadena, reconocer los derechos territoriales históricos de las comunidades, y replicar a escala suficiente los modelos que sí están funcionando para conservar las 500 mil hectáreas restantes.

La Selva Lacandona perdió 72% de su extensión en un siglo. Las 500 mil hectáreas restantes son patrimonio biocultural irremplazable. La pregunta de fondo es si la política pública tendrá la valentía de nombrar a los actores reales de la cadena de deforestación y de fiscalizar la trazabilidad de los productos agroindustriales que la sostienen.

Selva Lacandona perdió 72% en un siglo. Palma africana, ganadería y permisos sin vigilancia aceleran deforestación en Chiapas. Conoce el impacto.
Selva Lacandona perdió 72% en un siglo. Palma africana, ganadería y permisos sin vigilancia aceleran deforestación en Chiapas. Conoce el impacto.
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