
En Tuxtla Gutiérrez existe un lugar que guarda las memorias más profundas de la ciudad: el Panteón Viejo Municipal.
Entre sus pasillos y tumbas centenarias, descansan los personajes que dieron forma a la historia tuxtleca. Hoy, de la mano del Cronista de la Ciudad, hacemos un recorrido por este espacio que es mucho más que un cementerio: es un libro abierto de piedra y tiempo.
Con conocimiento y pasión, el cronista nos guía por este espacio donde cada tumba guarda una historia, y cada nombre, un capítulo del pasado tuxtleco.

Las lápidas hablan de una época en la que la muerte se concebía con solemnidad y arte. Las esculturas y epitafios dan testimonio del valor que se le daba a la memoria y al legado familiar.
El Panteón Viejo no solo es un sitio de descanso eterno, también un espacio de aprendizaje, historia y respeto. En sus muros se encuentran las raíces de la identidad tuxtleca.
Entre mármoles y flores, el Panteón Viejo Municipal nos recuerda que una ciudad no solo se construye con edificios y calles, sino también con memoria y respeto a quienes la forjaron.
Gracias al trabajo de cronistas e historiadores, este espacio sigue vivo en el relato de Tuxtla Gutiérrez, una ciudad que no olvida a sus protagonistas.













