La venta de alcohol en colonias populares se da a través del pequeño comercio, pero son las grandes cerveceras las que acaparan permisos y convierten a familias emprendedoras en sus comisionistas. 

 

Por Ángeles Mariscal

En la zona con mayor índice de pobreza de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, se abrieron en plena pandemia 21 nuevas tienditas de barrio, cuyo giro es la venta de abarrotes y cerveza. Los propietarios son, en su mayoría, familias que instalaron el negocio en su propia vivienda, aparecen en el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas del Inegi, pero en la práctica no son miniempresarios, sino comisionistas de las grandes empresas cerveceras, las cuales acaparan los permisos para la venta de alcohol.

 

Tanto Las Granjas, Cruz con Casitas o Kilómetro 4 son colonias de bajos ingresos que se fundaron por gente que, de manera irregular y mediante invasiones, se hicieron de los límites de la reserva ecológica del emblemático Cañón del Sumidero, en la zona nororiente de la capital de Chiapas. Hoy, en estos barrios se abren tres de cada 10 tiendas de abarrotes, vinos y licores del municipio. 

 

María de Jesús es propietaria de la tienda Abarrotes Rey, instalada en una habitación de tres por cuatro metros en lo que antes fue la sala de su casa. La fachada de su vivienda la pintó dividida: de blanco, en la zona que quedó como puerta de entrada del hogar, y de azul ultramarino, en la zona del negocio. Este color lo impusieron los representantes de una de las cerveceras dominantes en el país como parte de su identidad de marca. Además del color, un anuncio de latón indica que ahí se puede comprar su producto.

 

Para abrir un negocio como este, en el municipio más importante de Chiapas, se requieren dos permisos, uno para la venta de abarrotes, que lo da el ayuntamiento municipal en un plazo de tres días y con un costo promedio de 800 pesos, y el de la venta de licores, que otorga la Secretaría de Salud estatal. La obtención de este último enfrenta dos grandes retos: por un lado se requiere cumplir con muchos requisitos, desde un “escrito libre” que explique el motivo por el que se desea el permiso; el acta constitutiva o poder notarial para personas morales; cartas de antecedentes no penales del o los propietarios; un croquis certificado donde se especifique de manera clara y precisa la distancia con relación a guarderías, iglesias, centros deportivos, escuelas, centros culturales, hospitales, sanatorios, fábricas, edificios públicos, templos, parques u otros giros similares, y estar dado de alta en la Secretaría de Hacienda. Por otro lado, desde hace varios años los permisos para la venta de alcohol han sido acaparados por las cerveceras.

 

El municipio y el pequeño comercio

 

Un especialista de la Dirección de Control y Seguimiento Normativo del ayuntamiento, quien pidió mantener el anonimato, explica que “todo aquel que venda bebidas necesita un permiso, y estos los acaparan los dos grupos cerveceros dominantes. ¿Cuántos miles de licencias pueden tener estas empresas?, es un dato que no hemos podido conocer”, admite. Sin embargo, se estima que siete de cada 10 negocios de venta de licor y abarrotes en Tuxtla Gutiérrez son comisionistas de las cerveceras.

El funcionario detalló que fue en 2009 cuando se decretó que fuera la Secretaría de Salud la que otorgara estos permisos, decisión impulsada por la extitular de la Secretaría de Economía del Estado de Chiapas en el periodo de 2009 a 2010, María del Rosario de Fátima Pariente Gavito, cuya familia es concesionaria de una gran  cervecera en Chiapas.

Sobre ello, David Alberto Zamora Rincón, secretario de Economía del ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, explicó que la Ley de Salud estatal impuso candados a la venta de bebidas alcohólicas en expendios (conocidos como cervecentros), lo que en la práctica significó no expedir nuevas licencias, y “quienes se quedaron con las licencias ya existentes fueron las empresas cerveceras”.

Negocios rentables

El economista de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), Gerardo Coutiño, explica que estos negocios de tienditas de barrio con venta de cerveza proliferan en su mayoría en los barrios y colonias populares, porque el consumo de bebidas alcohólicas es alto en las familias del sector popular, que lo ven como una actividad recreativa accesible. Así, personas como María de Jesús ven en la oferta de las cerveceras una posibilidad para tener una “tiendita de barrio” y recibir un ingreso extra para su familia.  

José Ovando también es propietario de otro pequeño comercio en la capital chiapaneca. En su caso fue otra de las cerveceras de capital multinacional la que lo hizo “comisionista de venta”. Estas dos grandes empresas tienen a disposición un stock de permisos de venta de licores otorgados por la Secretaría de Salud, para las zonas de mayor venta de licor. 

“Ellos [el personal de las empresa] manejan los permisos, las zonas, se encargan de las relaciones con el ayuntamiento y la Secretaría de Salud, de forma tal que uno sólo atiende el negocio, y cuando llegan las verificaciones de las autoridades, si hay irregularidades, ya saben que uno es únicamente el comisionista de venta, y cualquier cosa la arreglan directo con la cervecera”, explica Ovando.

Lo que le exige la cervecera es estar dado de alta como persona física  en el Serviciode Administración Tributaria de la Secretaría de Hacienda, y una meta mensual de venta que las multinacionales suelen medir por hectolitros. De acuerdo al volumen de venta, la ganancia es de entre 10 y 12 por ciento. José Ovando detalla que la inversión que hace el dueño de la tienda es de 20,000 pesos, monto base con los que la cervecera surte mercancía. 

Para el área de abarrotes, señala José Ovando, la empresa de bebidas alcohólicas controla una especie de ‘derecho de piso’ con firmas refresqueras y aquellas de pan de caja, dulces y frituras, para que en las tiendas sólo se vendan productos de determinadas marcas. El porcentaje de ganancia con estos productos oscila entre el 20 y 22% para el tendero. A este también le permiten vender básicos como azúcar, arroz, sopas y otros, con estos productos el porcentaje de ganancia es mayor, pero el nivel de venta es poco. En total, explica el comerciante, el promedio de ganancia de un giro como este es de 9,000 pesos mensuales. Ese ingreso puede disminuir si, por ejemplo, la cervecera sanciona económicamente al no cumplir el volumen de venta, o si el tendero ofrece productos no autorizados. “Al final del día veo bien este modelo de negocio, porque tengo la tranquilidad de que los permisos y trámites los hacen ellos”, reconoce Ovando. Asimismo, en caso de lograr una mayor venta, es factible llegar a un trato para que la empresa asuma el pago del agua y la electricidad, incluso de poner los refrigeradores. “La ganancia neta que tengo es como tener un sueldo mensual”, considera don José.

La empresa cervecera también se beneficiaría con este esquema de negocios porque minimiza los costos de operación, evita pagar puestos de venta, salarios de vendedores y prestaciones sociales, además de tener un nivel de ventas asegurado, señala Gerardo Coutiño, economista de la UNACH.

La forma en que operan, explica el economista, “impactan al alza en los indicadores económicos municipales, pero en la práctica no se traduce en una mejora del nivel de vida de la población porque sus ganancias apenas se equiparan a dos salarios mínimos”.

La situación en la capital de Chiapas refleja uno de los muchos obstáculos a los que se enfrentan los emprendedores en México. Lo que ocurre en Tuxtla Gutiérrez es una muestra de cómo la dificultad para realizar ciertos trámites (como la licencia para la venta de alcohol) orilla a los emprendedores a buscar intermediarios, en este caso las grandes cerveceras, las cuales con su presencia y auspicio parecen controlar el acceso y desarrollo de los pequeños negocios.

*Este reportaje forma parte de la serie “La odisea de abrir un micronegocio en México”, coordinada por Ethos Laboratorio de Políticas Públicas

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