in

“El cáncer de mama quiso, pero no me venció”, Mercedes Mendoza

“Todo fue tan rápido que me bloqueé y no supe qué hacer. En menos de un mes me dijeron que tenía cáncer y me quitaron el seno”.

Tuxtla Gutiérrez.- No pasó ni un mes de que a Mercedes Mendoza Ruiz le habían diagnosticado cáncer de mama cuando le realizaron una mastectomía, procedimiento que para la oriunda del municipio de Comitán fue complicado aceptar, pese a que era necesario para que siguiera viviendo.

 

Gracias a una amiga que le recomendó la atención de una psicóloga “Mechita”, como le dicen de cariño sus familiares y amigos, logró salir adelante, y hoy no solo es un ejemplo de que el cáncer de mama se puede vencer, sino que también es el apoyo de muchas mujeres que pasan por este terrible padecimiento.

 

“Todo fue tan rápido que me bloquee, y no supe qué hacer. En menos de un mes me dijeron que tenía cáncer y me quitaron el seno, y yo no quería nada porque para mí fue traumático al grado de que en casa mi familia quitó los espejos porque me sentía deforme, mutilada”, dijo.

 

Mechita, recuerda que fue gracias a que su hijo menor le vio un “hundimiento” en el seno es que se percató que “algo no estaba bien”, por lo que de manera inmediata acudió con un especialista.

 

“En casa es normal bañarnos juntos, y pues me metí a la ducha con mi hijo y  él me vio el seno y me dijo que se veía sumido, después al salir fui al espejo y constaté lo que me decía. Rápidamente fui con mi ginecóloga que me  pidió estudios y una biopsia, al hacerlo me metieron unas agujas y se me inflamó y puso rojo el seno. Fue un proceso muy desgastante hasta que llegué a la operación donde me hicieron la mastectomía”.

 

Doña Mercedes Mendoza recibió  un total de siete ciclos de quimioterapia “roja”, sin embargo ya no pudo llevar radiaciones por una negligencia.

 

“Después de la operación esperamos un par de semanas para las quimios, a mí me dieron de las rojas que son  las más fuertes, por eso se me cayó el cabello, me quedé sin cejas, pestañas, tenía mucho vómito y diarrea. Al terminar el ciclo me tocaban las radiaciones pero cuando llegué a CDMX me dijeron que me agendaron mal y ya habían pasado, así que terminé el tratamiento  con medicamento tomado”.

 

Durante su proceso de cáncer de mama, Doña Mechita conoció a mujeres que pasaban por la misma situación, quienes a diferencia de ella pasaban por dificultades económicas, por lo que ahí se dio cuenta que el padecimiento había llegado a su vida para que fuera más solidaria y empática.

 

“Comencé a conocer las historias de las demás, y eran muy fuertes. Muchas al igual que yo perdieron el cabello pero no tenían para comprar turbantes, por lo que comencé a hacer en casa varios para dárselos, y a la gente que me ayudaba y llegaba a casa verme les decía que mejor me regalaran tela y los hilos especiales en vez de fruta, y así fue como comencé este camino de servir a los demás”.

 

Actualmente doña Mechita forma parte de una asociación que se dedica a ayudar a mujeres en diversos ámbitos, uno de ellos el de salud, en donde  trabajan de manera directa con al menos 70 personas que padecen cáncer de mama,  a quienes benefician tanto con apoyo psicológico, acompañamiento y en ocasiones hasta con recurso económico.

 

 

“Un día después de ver a la psicóloga abrí las cortinas de mii casa, dejé que entrara el sol y le pregunté a Dios qué necesitaba de mí. Yo sabía que el cáncer de mama era una señal para que supiera quien soy  y qué debía hacer con mi vida. Hoy soy integrante de esa asociación, y en lo que podemos ayudamos a las mujeres y eso me  hace sentir plena”, concluyó.