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Mariachis de Chiapas, tristes en fiestas patrias

La pandemia les pegó un duro golpe económico al igual que a muchos mexicanos; ahorros que serían para trajes, los tomaron a modo de préstamo

Tamaro Longines

 

De jovencito, a José Antonio Flores Rincón, originario de la colonia Galecio Narcía, de Chiapa de Corzo, descubrió lo que para siempre sería su gran pasión: la música mexicana.

“A esa edad conocía ya todos los acordes de mi guitarra, ahí jugando la guitarra; le enseñaban a mi hermano y yo solo veía. Cuando mi hermano dejaba su guitarra, la agarraba yo y hacía lo que a él le enseñaban, y el maestro que le estaba enseñando se dio cuenta. Cuando conocí los tonos mayores, nos pusimos a cantar con mi hermano”, relató.

Al concluir sus estudios de educación básica, tuvo la oportunidad de ingresar a la Escuela de Música, para entonces comenzar su vida profesional como cantante.

“A la edad de 12 años, el gobierno de aquel entonces nos pagó los gastos para ir a México, para grabar el primer video en donde se dieron a conocer la danza del Calalá. Era el año de 1984”, recordó.

A los 18 años de edad, entonces era momento de poner en práctica de manera profesional todos sus conocimientos musicales desde la trompeta, marimba y lo que hoy es su pasión, ser integrante de un grupo de mariachis el cual le ha dado la oportunidad de brindarle a sus hijos la mejor de las herencias, una carrera como profesionistas.

“A partir de 1982, ahí ya me quedé siendo mariachi. Empecé a trabajar con los grupos, me cambié de grupo en 1987 al 95. Y ya después formamos el grupo Mariachi “Los Camperos” en 1995″.

Pero la etapa de confinamiento por COVID19, sin lugar a dudas afectó sus actividades y con ello sus finanzas.

“Gracias a la clientela vamos saliendo adelante, porque la pandemia si nos afectó bajó más del 50 por ciento. De todos los trabajos que hacíamos por ejemplo, si antes hacíamos un trabajo diario, ahorita hacemos un trabajo por semanas, tres mucho. Pasaron semana completas sin trabajo”.

A esta situación le hicieron frente de manera solidaria con sus compañeros de grupo, pues de manera provisoria tenía unos ahorros, los cuales serían destinados para la compra de nuevos trajes de charros. Pero, esos planes cambiaron por completo y ese recursos fue utilizado para cubrir gastos en el hogar, gastos medios y en algunos en gastos funerarios.

“Pues hacemos ahorros para hacer trajes, zapatos, sombreros y todo, entonces no lo mandamos hacer, porque no alcanzaba para hacerlo. Con ese dinero lo que hicimos fue hacernos préstamo entre nosotros mismos”, indicó.

Además, Antonio dice que a diferencia de años anteriores durante este mes patrio esperan recuperarse económicamente poco a poco, pero siempre anteponiendo la sana distancia.

“Nosotros trabajábamos en los parques en lo que era la celebración del Grito en los eventos de los municipios nos contrataban seguido, ya ahorita no nos contratan porque no va haber Grito en ninguna lado, pues no hay contrato. Ahorita estamos solo dando presupuesto para los restaurantes y vamos solo la mitad del grupo, por la sana distancia”, puntualizó.