Le llegó la popularidad y contó con bares, antros, tiendas y plazas; ahora muchas lucen vacías

 

A Tuxtla ya le llegó el calor y a los negocios el frío.

Cada vez son más las cortinas abajo en la ciudad que lucen fosforecentes letreros o lonas que si no dicen “se renta”, optimistas colocan un “se traspasa” o de plano un pesimista coloca un “se vende”.

Una muestra de este fenómeno se reduce en la famosa 16 poniente de Tuxtla Gutiérrez, cerca de la zona dorada donde se encuentra el complejo hotelero más abundante de la capital.

Ahí, donde casi inicia el Boulevard Belisario Domínguez luce triste, desolado, como lugar al que una epidemia hubiera pasado y no hubiera dejado ganas de pasar por temor a enfermarse.

Llegó a ser popular por contar con bares, pub, antros, tiendas de ropa, restaurantes, se crearon plazas con servicios médicos, pastelerías, cafeterías; pero muchas de ellas hoy lucen vacías.

Solo por citar un ejemplo, su crecimiento era tan rápido que un antro denominado Chamo Chelas, con piso de tierra y carpas, en menos de un año dio un cambio total en su infraestructura. Hoy, luce desértico.

La Plaza Cedros es la que todavía conserva clientes asiduos, ha logrado seguir con vida con sus locales que en un 50 por ciento cambian de giro, pero que es una luz en esa calle que conecta el boulevard con la 5ª norte.

Donde antes era imposible estacionarse ahora sobran banquetas, quizá sea el aumento agresivo en las rentas de los locales o la economía en evidente picada, pero la 16 poniente es ahora tan común, como cualquier otra zona de Tuxtla.

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