Tiene 44 años y nunca ha podido ver; sin embargo, sabe moverse por la ciudad, sabe cocinar y tiene una tienda donde él mismo despacha.

Cuarenta y cuatro años de su vida ha vivido sin vista, de hecho desde que nació.

Para Elías José Trujillo el ser una persona ciega nunca ha significado una discapacidad por la cual deba frenar sus ganas de vivir, al contrario, ha sido la oportunidad para potencializar el resto de sus capacidades como el tacto y el oído.

-¿Una persona que no puede ver, atendiendo un negocio es posible?

-Todo es posible.

Elías se despierta muy temprano para llegar a su tienda de abarrotes a las 6:00 de la mañana, la cual atiende desde hace 12 años.

Sale de su casa en Rivera El Vergel, en Chiapa de Corzo, toma su colectivo que lo lleva al centro de Tuxtla, a las 4ª Oriente entre 5ª y 6ª sur, en el interior de la Terminal de Transportes Cuxtepeques.

De ahí, a diario, suben y bajan de las colonias América Libre, La Flechas y colindantes, personas que ya lo conocen y que aprovechan la salida o llegada del carro para hacerle la compra.

Apenas uno se acerca y Elías saluda, extiende la mano y pregunta qué se ofrece. Ha desarrollado habilidades para identificar cuando alguien se acerca. Cada vez que una persona agarra un producto, escucha el sonido del empaque y puede acertar incluso si se trata de una fritura o una galleta.

¿Qué cómo le hace para cobrar? De igual forma, por el tacto, ha aprendido a hacer diferencias entre monedas y billetes, cuando no presentan mucho desgaste es más fácil.

Desde niño aprendió brailer con el profesor David Alanís, en cuarto de primaria y así ha enfrentado la vida. Su papá le enseñó a hacer ladrillos a los 7 años, fue su primer empleo.

“Todo es posible si haces las cosas de corazón”, dice mientras atiende su pequeño comercio.

“Una persona ciega antes era triste porque no había la cultura como lo hay hoy, cualquiera quería abusar o burlarse pero hoy vemos que la sociedad está más despierta y consciente, creo yo”, comenta.

Elías no se salva de los robos, pero los choferes de Cuxtepeques se han vuelto además de sus clientes, sus aliados, que están al pendiente de que no se pasen de listos con él.

Dice que se casó ya grande, a los 32 años y su novia de 18. Hoy tiene un hogar con tres niñas de 12, siete y un año y medio, motivo por el cual cada día le echa más ganas a la venta de golosinas y refrescos para salir adelante.

Las personas que están en su entorno se expresan de él como una persona noble y trabajadora y se nota, porque aprovechando la entrevista lanza una invitación a papás y mamás que tengan a hijos o familiares con una discapacidad visual:

“No los discriminen, no los hagan menos, todos valemos igual, todos en esta sociedad somos útiles y quisiera decirles que si alguno tiene familiares yo les enseño braile así como me enseñaron, para identificar cosas, a base de muestras de carton, la idea es aprender. Ahí les dejo mi número es el 9611208315 ”.

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