Raul Vera

“Jehová de los ejércitos, tú que abriste los mares, abre estas puertas a tus hijos. Mi dios lo dice: no actúen como el Faraón”  De pie con los brazos abiertos una migrante hondureña implora, clama a su dios.  Parada bajo el ardiente sol canicular en la carretera que conduce de Frontera Hidalgo a Tapachula. Rodeados de policías federales, ejército y agentes de migración la migrante clama por un milagro que desaparezca la amenaza de detención y deportación.

Delante de la caravana que no llega a los 350 integrantes, un afro descendiente hondureño con lentes polarizados se enfrenta a los agentes del INAMI: “estuve 6 meses esperando mi documento y no me dieron nada” grita desesperado. En algún momento pensé que iba a gritar  “Warriors came out to play”. Su look me recordó a uno de los protagonistas de esa película ochentera.

Tratan de convencer a los agentes para que los dejen continuar en su camino al American Dream, pero la consigna que tiene el INAMI es reforzada con un 5% en aranceles que el gobierno de Donald Trump quiere imponer a México si éste no hace bien su tarea de contener la diáspora centroamericana, la cual se incrementó de manera visible en la costa de Chiapas, desde Octubre del 2018.

Una diáspora que hasta el momento ha generado que el INAMI haya expulsado en los primeros 5 meses del 2019, a más de 80 mil migrantes que han entrado de manera ilegal a México por la frontera sur, una cifra que de seguir con esa tendencia superará a los 180 mil expulsados del 2017.

“El presidente de México nos dijo que éramos bienvenidos, que no iba a detener a ninguna caravana” reclama airada una mujer que carga un menor lloroso, en medio de los empujones y jaloneos. Los migrantes que ahora se han plegado a la valla metálica de la carretera, justo en el triángulo del desvío que da acceso o salida, según sea el caso a Metapa de Madero, a 22 Km. de Frontera Suchiate. En medio del tumulto un joven inmigrante cae al pavimento y convulsiona, el hecho crea un remanso en medio del remolino de jaloneos y empujones.

El joven se retuerce en el piso y con ello da paso a una resignación que se resiste, pero se saben débiles ante una fuerza policiaca y militar que no va a permitir que sus pies  migrantes sigan hacia el norte. Uno a uno frustrados, con el rostro desencajado y un cansancio que lamenta las últimas 7 horas de caminata, suben a los camiones que los llevarán a la estación migratoria en víspera de ser deportados a su país del que vienen huyendo. Horas atrás era visible la esperanza de un refugio movida por las palabras del presidente de México que declaró que no detendría ninguna caravana, pero que tiene que ceder ante su poderoso vecino del norte.

En la memoria del camino quedan las palabras de la migrante que fundamenta su caminar en su fe,  en su necesidad de migrar y pedir compasión a los poderosos, pero el xenofóbico vecino del norte ahora ha obligado  al gobierno mexicano a anunciar que desplazará a 6 mil militares a la frontera con Guatemala para evitar la diáspora de un pueblo abandonado y expulsado de su país.

“Jehová de los ejércitos, protégenos del  que actúa como faraón. Así lo dice mi dios Jehová, tarde o temprano dará paso a su pueblo hacia la tierra prometida.”

Pero el Faraón del norte ha obligado a sellar la porosa frontera del sur con 6 mil efectivos y los migrantes son moneda de cambio en esta amenaza de arancel,  que de aplicarse costaría a México un millón doscientos mil empleos.

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