Por 22 años, Antenacio Alejandro González Álvarez ha trabajado como payaso en diversos cruceros de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, oficio que le ha permitido sacar adelante a su esposa y a sus cuatro hijos.

Desde hace cuatro años, “Chepetín”, y tres de sus hijos trabajan como payasos en el crucero de la Torre Chiapas, un lugar que se ha vuelto su segunda casa, pues llegan desde temprana hora para ganarse el sustento del día.

“Yo aprendí a ser ayudante de albañil y este arte de ser payaso, que me ha servido para sacar adelante a mis hijos, quizás no pude darles una carrera o más estudios, pero me esforcé mucho y pude enviarlos hasta la secundaria, de verdad que hubiera querido que siguieran estudiando y fueran licenciados pero no se pudo por falta de dinero”, declaró González Álvarez de 36 años.

Los hijos del payaso “Chepetín”, desde muy pequeños comenzaron a ayudarlo, de hecho mientras cursaban la primaria y la secundaria también acudían a los cruceros.

“Mis hijos se llaman Edgar, Manuel de Jesús, José Luis y Pablo de Jesús, los cuatro son payasos, ellos estudiaban y trabajaban conmigo, ahora solo el menor va a la secundaria porque los demás llegaron hasta el primer semestre de la prepa. Mi esposa viene a vernos al crucero cuando no nos da tiempo de ir a comer a casa, pero ella es lo más importante, por nosotros que ella no venga a asolearse”, declaró.

Don Antenacio junto a sus hijos llega al crucero de la Torre Chiapas alrededor de las 10:00 de la mañana y se retiran aproximadamente a las 5:00 de la tarde, pero todo depende del dinero que hayan ganado en el día.

“Cuando no hay mucho empezamos más temprano, como a las 8:00 de la mañana hasta las 7:00 u 8:00 de la noche o bien cuando mis chamacos no tenían clases. Pero los fines de semana si nos contratan para amenizar una fiesta nosotros con gusto vamos porque ahí sacamos más dinero”, dijo.

AGRADECIDOS

A diferencia de otras personas que trabajan en los cruceros, esta familia valora cada peso o centavo que reciben de los automovilistas, pues saben que de moneda en moneda sale para comprar comida y ropa.

“Yo he estado en varios cruceros, antes trabajaba en el del Chamula, el Bonampak, el de la carretera a Villaflores y por eso sé que la gente si es dadivosa y valora lo que hacemos, si a veces no nos dan es porque hay gente que trabaja acá que se indigna si les dan un peso o 50 centavos y eso está mal, pero nosotros somos agradecidos y nos ponemos contentos con cada moneda porque de ese cambio que les sobra nosotros podemos comer”, aseguró.

CANDIL DE LA CALLE

“Chepetín”, asegura que él y sus hijos son “candiles de la calle”, pues no solo viven de ella, sino que ahí aprendieron lo que para ellos es el oficio más hermoso, el cual les ha permitido ser una familia unida y feliz.

“Todo lo aprendí de la calle, todo se lo debo a la calle por eso les digo a mis hijos que somos candiles de la calle. Tengo sueños, ellos también los tienen, por ejemplo nos gustaría ir a un congreso nacional de payasos pero el dinero no nos alcanza, pero pese a eso somos bien chambeadores, muy felices y agradecidos”, sentenció.

Anuncios

Deja un comentario