México ha consolidado el giro ideológico en su política exterior que había adelantado el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. El país se ha negado este viernes a sumarse a 13 naciones del Grupo de Lima que han rechazado el nuevo Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Los cancilleres, reunidos en Perú, han concluido que no reconocerán el nuevo mandato del régimen venezolano porque la elección celebrada el 20 de mayo de 2018 fue “ilegítima”, según el comunicado conjunto que ha sido desairado por la Administración de López Obrador. El bloque diplomático no participará en la toma de posesión de Maduro, el próximo 10 de enero para un nuevo período que concluirá en 2025.

La negativa mexicana hizo que el encuentro entre cancilleres del grupo creado en agosto de 2017 para intentar devolver la democracia en Venezuela durara menos de lo pensado. Los representantes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía contemplaban que la reunión concluiría la tarde del viernes, pero la discrepancia del Gobierno mexicano, vocalizada con claridad por el subsecretario Maximiliano Reyes Zúñiga, encargado para América Latina y el Caribe, no dejó lugar a dudas.

“México hizo una declaración previa de que no se sumarían, pero seguirán siendo miembros plenos y activos del Grupo de Lima, porque prefieren mantener abiertos los canales diplomáticos para ver si a través de ellos es posible llegar a una solución negociada”, informó a EL PAÍS una fuente de la cancillería peruana. “México continuará promoviendo la cooperación internacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de controversias y el respeto”, anunció Reyes a sus contrapartes. 

Esta posición fue la única fisura en la postura conjunta adoptada ayer en Lima en el Palacio de Torre Tagle, la sede de la cancillería. “La declaración tiene un mensaje político contundente, el principal es el no reconocimiento de la legitimidad del nuevo régimen venezolano”, aseguró el canciller peruano Néstor Popolizio. El Grupo de Lima ha instado a Maduro a respetar las atribuciones de la Asamblea Nacional, el Congreso en manos de la oposición que ha sido neutralizado con el chavista Asamblea Constituyente. Los cancilleres latinoamericanos incluso instaron a Caracas que le transfiera el poder ejecutivo aquella Asamblea para realizar nuevas elecciones presidenciales.

Los 13 cancilleres pactaron también “reevaluar el estado de las relaciones diplomáticas” con Caracas e impedir la entrada de altos funcionarios del régimen chavista a sus países. Tampoco descartan prevenir el acceso al sistema financiero del Gobierno venezolano o congelar sus activos, precisó Popolizio. El Grupo ha decidido elaborar listas de personas y empresas “con las que entidades financieras y bancarias de sus países no deberán operar o deberán tener una especial debida diligencia”. También suspenderán cualquier cooperación militar con Caracas evitando la transferencia de armas y evaluarán los permisos de sobrevuelos de naves de las fuerzas armadas chavistas.

El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, aseguró a este periódico que el Gobierno de México “coincide” en la preocupación que la crisis política de Venezuela ha generado en la región. “Pero no coincidimos en las medidas”, ha señalado el encargado de Exteriores de López Obrador, quien no viajó a Lima. La postura coincide con el principio de no intervención en asuntos internos que la nueva Administración mexicana perfiló en la campaña presidencial de este verano.

El giro impreso por Ebrard rompe con el de su antecesor, Luis Videgaray. El canciller de Peña Nieto había sido uno de los principales críticos del régimen de Maduro, llegándose a reunir con varios opositores, y uno de los protagonistas dentro del Grupo. Pero las elecciones de julio permitieron que las relaciones entre México y Caracas subieran de temperatura. El gesto más notorio de esto fue la presencia de Maduro en la recepción oficial de López Obrador el pasado 1 de diciembre. El venezolano, sin embargo, no tuvo un rol estelar en la ceremonia debido al gran repudio que su presencia desató en México. México, sin embargo, no devolverá el favor el próximo 10 de enero. Será la encargada de negocios de la embajada quien acudirá al inicio del nuevo Gobierno venezolano.

El régimen venezolano enfrenta una creciente presión internacional. Aunque Estados Unidos no hace parte formalmente del Grupo de Lima, el secretario de Estado, Mike Pompeo, aprovechó esta semana su visita a la toma de posesión del ultraderechista Jair Bolsonaro para apuntalar el frente continental contra Maduro, informa Santiago Torrado. En Brasilia, el jefe de la diplomacia estadounidense pactó con el recién posesionado presidente cooperar para impulsar los derechos humanos en Venezuela, y en su escala en Colombia elogió el compromiso del Gobierno de Iván Duque para restablecer la democracia y articular los esfuerzos regionales. “Debemos unirnos para rechazar la dictadura de Venezuela”, declaró Duque, que ha prometido cercar diplomáticamente a Caracas.

Con información de El Pais

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