Esperar o tirarse al río, la cruda realidad de los migrantes hondureños

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Fredy Martin Pérez

Río Suchiate, Chis; 20 de octubre.- Al medio día del sábado, un joven hondureño se lanzó desde el puente internacional Rodolfo Robles y fue cuando decenas de sus connacionales lo emularon, pero otros ya había cruzado el río Suchiate, en las balsas, a nado o caminando, porque “se cansaron” de esperar para realizar el trame de ingreso a México a través del Instituto Nacional de Migración (INM).

Un joven que se tiró de una altura de siete metros, desde el puente, contó que permaneció desde las 11:00 horas del viernes, sentado y rodeado de policías, con la esperanza de que el INM, le entregara un documento para ser trasladado al albergue de Tapachula, pero no tuvo éxito y en su desesperación, decidió lanzarse al río, ante la mirada de los federales.

De norte a sur, en un trecho de dos kilómetros del río, hombres, mujeres y niños, iniciaron su ingreso a México, desde la madrugada del sábado, pero la actividad cobró notoriedad, antes del medio día del sábado.

El ir y venir en el afluente era constante.

Ninguna autoridad pudo impedir que los hondureños dejaran el puente, se lanzaran al agua o volvieran a Tecún Umán, Guatemala, para cruzar el río y en menos de 20 minutos, caminar hacia Ciudad Hidalgo, cabecera municipal de Suchiate, para tratar de llegar a Tapachula.

En las instalaciones del INM, agentes de la Policía Federal, mantenían un cerco para evitar el paso hacia territorio guatemalteco, pero tampoco los guatemaltecos pueden ingresar a México con sus vehículos o a pie.

Durante más de 24 horas, el puente fue un dormitorio de más de 200 metros, donde los hondureños aguardaron el llamado de autoridades migratorias, pero se cansaron de esperar y por eso tomaron el río para llegar a territorio mexicano.

Los rumores proliferaron durante el sábado, pues decían que el gobierno mexicano en vez de llevar a los hondureños a la Expo Tapachula, donde se habilitó un albergue, los estaban deportado hasta Tegucigalpa, por eso cuando los hondureños llegaban a México, temían ser arrestados.

Entre ambos extremos del puente, los hondureños amarraron un lazo, para darle seguridad a los jóvenes que no cuentan con diez quetzales (24 pesos) para pagar a los llanteros o balseros en el cruce del Suchiate.

Bajo el puente, un grupo de 30 hondureños cantó el himno nacional de su país y lanzó consignas de “Sí se pudo”, pero minutos después, un joven que ayudaba a tirar la cuerda para que los muchachos alcanzaran la ribera resbaló, se golpeó la cabeza y convulsionó.

Agentes de la Policía Federal que permanecían en el área, tomaron al joven y ascendieron con dificultad, por un camino de rocas, para que el lesionado recibiera ayuda de paramédicos, pero los socorristas tardaron más de 20 minutos en llegar a donde estaba el lesionado.

Decenas de jóvenes llegaban a territorio mexicano, para decir que su misión es alcanzar los Estados Unidos.

Los jóvenes contaban que se cansaron del presidente de su país, Juan Orlando Hernández, al que acusaron de “haber sumido” en la pobreza a Honduras y se quejaron que la ayuda internacional que llega esa nación, “nunca la hemos visto”, por eso han decidido dejar familia.

Dener Calderón, de 17 años de edad, nativo de Cucuyagua, San Pedro Copán, dijo que como no encontró opciones para estudiar, optó por trabajar en el campo, para ganar al día 100 lempiras (4 dólares), por eso cuando escuchó que se llevaría a cabo la caravana a los Estados Unidos, no lo pensó más y se incorporó en el contingente que ha recorrido más de 700 kilómetros en una semana.

“Es muy difícil vivir en Honduras. No hay trabajo, tampoco oportunidades para estudiar”, dijo el joven que ensopado, descansaba en una roca, después de haber cruzado a nado el río.

Carla Yadira Martínez, de 30 años, de San Pedro Sula, implora que en “nombre de Dios, vamos a seguir adelante para alcanzar la frontera con los Estados Unidos”, donde esperaba conseguir trabajo porque como vendedora ambulante ganaba entre 7 a 8 dólares al día. “Quiero una oportunidad de vida. No tengo nada que perder en Honduras”, agrega la mujer que va en la carava con su esposo e hijo.

Los grupos de hondureños que han cruzado por el río han llegado al parque central de Ciudad Hidalgo, donde una marimba amenizó en la tarde del sábado y hombres y mujeres bailaron algunos minutos, para luego escuchar la prédica de una mujer hondureña que lleva varios años viviendo en México.

Las madres han usado las jardineras y los juegos infantiles como tendedero, para secar la ropa de sus hijos.

En el albergue del auditorio de la presidencia municipal, unos tres mil hondureños habían sido documentados, en espera de ser enviados a la Expo Tapachula.

Visitadores de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) manifestó su preocupación por los hondureños que no se documentaron, ya que como no están documentados por el INM, “pudieran ser repatriados” a su país.

Hasta ahora son 600 los extranjeros que han sido trasladados hacia la Expo Tapachula, donde han sido recibido por funcionarios del gobierno federal y estatal.

Al caer la tarde, decenas de hondureños realizaron una manifestación bajo el puente Rodolfo Robles, para pedirle a sus connacionales a que ya no esperen más y entren a México por el río Suchiate.

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