En el sur de México “El sismo continúa” a un año del terremoto

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El sur de México se despertó con sobresalto la medianoche del 7 de septiembre de 2017 por las sacudidas del terremoto de 8,2 grados que dejó 99 muertos. Un año después, esta zona no logra reconstruirse, con la impresión de que “el sismo continúa”.

El temblor más poderoso registrado en México en un siglo arrasó principalmente con Juchitán, una empobrecida ciudad de unos 100.000 habitantes en Oaxaca.

Por sus calles aún se ven escombros y casas inhabitables sin demoler, gente sin casa durmiendo a la intemperie o en carpas, niños tomando clases bajo los árboles o en aulas de lámina porque sus escuelas no fueron reconstruidas.

Parece “como si sólo hubiera pasado un mes del sismo, el abandono se observa por todos los rincones de esta comunidad (de la etnia) zapoteca”, dice a la AFP el escritor Jorge Magariño, uno de los damnificados.

Por su parte, Carlos Castillo, director de una escuela primaria, participa desde hace meses en manifestaciones para exigir su reconstrucción.

“La sede alterna carece de agua para los sanitarios, y en general, no reúne las características para que opere un plantel educativo de más de 500 alumnos (…) La obra de reconstrucción está abandonada, no hay trabajadores, la maquinaria se la llevaron y no sabemos cuándo reanudarán” las tareas, lamentó.

Al menos una veintena de escuelas primarias y secundarias de Juchitán se encuentran trabajando “bajo árboles, lonas o en espacios inapropiados”, denuncia el profesor Juan Rentería, integrante del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

El sismo causó daños en unos 40 municipios de Oaxaca, otros 97 de Chiapas, y en localidades aledañas, mientras la ayuda gubernamental ha estado marcada por fuertes irregularidades que mantiene a la región “en estado de emergencia”, estima Sara Méndez, coordinadora de la ONG Código DH.

Según cifras oficiales, Oaxaca reportó 65.044 viviendas con daños parciales o totales y Chiapas 46.773.

Pero “hay cientos de familias que no fueron incluidas y siguen viviendo en las calles, en los patios de sus casas, en improvisados campamentos”, asegura Magali Sánchez, representante de la red regional de vecinos afectados en Juchitán.

Según el último informe que el saliente presidente Enrique Peña Nieto presentó el lunes pasado, el gobierno otorgó más de 7.362 millones de pesos (unos 380 millones de dólares) a Oaxaca y más de 5.323 millones (unos 257 millones de dólares) a Chiapas.

Pero el Fideicomiso Fondo de Desastres Naturales del gobierno federal es “bastante maleable, no hay un control real sobre el destino de los recursos”, y cuando realmente llegó a los damnificados, fue de forma “caótica”, denuncia Méndez.

Tras el sismo, Peña Nieto viajó al municipio de Villaflores, en Chiapas, para abrazar a los damnificados y prometerles apoyo.

Pero en el ejido Benito Juárez, una zona húmeda de altas temperaturas, las diminutas casas nuevas no son funcionales.

Para Méndez, el sur de México sigue “en duelo”. Muchas fiestas fueron canceladas este año y la normalidad no volverá mientras no tengan una vivienda digna.

De la visita presidencial a Benito Juárez solo queda la frase: “Fuerza Chiapas, Fuerza México”, que el gobierno mandó pintar en un muro.

“Ya perdimos la esperanza de que nos llegue ayuda. Solo estamos viviendo a la bendición de Dios. Mejor no nos hubiera dado nada”, se lamenta Rumber, un campesino de 46 años.

Con información de 24matins.es / AFP FRANCISCO RAMOS

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