En la Mira / Héctor Estrada

 

La elección de Pedro Gómez Bahamaca como nuevo Secretario General de la Sección 7 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no resultó sorpresiva. Su advertido asenso al relevo de Adelfo Gómez se venía cocinando desde hace ya varios meses en las entrañas del denominado “Bloque Democrático” que, cada vez deja menos dudas, mantiene un control aplastante sobre el gremio magisterial en Chiapas.

 

La llegada de Gómez Bahamaca a la dirigencia estatal de la Sección 7 significa simplemente que las cosas dentro del accionar magisterial sindicalizado de Chiapas van a continuar como hasta ahora. Con o sin la Secretaría General las decisiones de Bahamaca pesaban desde mucho tiempo antes, incluso más que las del propio Adelfo Gómez, quien desde hace bastantes meses había cedido ya importante terreno de acción y determinación a su ahora sucesor.

 

La reafirmación del control del Bloque Democrático sobre la Sección 7 representa el poder hegemónico de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) sobre entidades como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán donde la resistencia a la denominada “reforma educativa” ha sido más intensa y de mayores consecuencias contra los objetivos de un gobierno federal que ya enfrenta el ocaso de su periodo.

 

Durante los últimos cinco años la CNTE ha protagonizado episodios de confrontación elevada. No son de vicio que los señalamientos más duros en su contra tengan que ver con ser catalogados como “violentos, desestabilizadores e irruptores de la paz pública”. Al Bloque Democrático lo han acusado de las peores canalladas, irrumpiendo en la vida interna de agrupaciones sindicales ajenas que han visto en la CNTE una oportunidad empoderar insurgencias.

 

Honestamente nada nuevo en la historia del sindicalismo nacional. Tal vez la única posible diferencia entre el Bloque Democrático y el resto de los poderosos grupos sindicalistas que lo antecedieron tenga que ver con la legítima lucha contra la “reforma educativa” y el nuevo poder superior que ha orquestado tan importante movimiento nacional. En las prácticas de fondo, las mañas, modos y formas de negociación han demostrado ser las mismas.

 

A Gómez Bahamaca, ahora ya oficialmente al frente de la Sección 7, le espera enfrentar en Chiapas el año más importante para la CNTE desde su “declaración de guerra” contra la reforma educativa: el proceso electoral de 2018 y el relevo presidencial. A Bahamaca le tocará negociar el “voto gremial” tanto en la elección presidencial como en la estatal. A él le tocará configurar o ratificar acuerdos que bien podrían estar ya adelantados. Y es que, hoy resulta extraño el inhabitual silencio gubernamental ante el reciente relevo sindical.

 

El momento coyuntural que se viene para la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación podría alcanzar su punto crucial a mediados del próximo año con los posibles acuerdos de campaña que seguramente tendrán entre sus puntos clave a la controversial reforma educativa. Las llamadas reformas estructurales que dinamitaron el gobierno de Enrique Peña lucen hoy como jugosos botines electoreros que la siguiente administración federal tendrá que poner a consideración para evitar o no heredar conflictos del pasado… así las cosas.

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