Mientras la tierra retumba el miedo se apodera de nuestros sentidos y la fe es lo único que queda cuando crees que todo llegó a su fin.

Ante una catástrofe como el sismo con magnitud 8.2, ocurrido el 7 de septiembre a las 23:49 horas la humanidad se da cuenta lo frágil que es y lo fuerte que puede golpear la naturaleza cuando menos te lo esperas.

 

Tras 24 horas del sismo con epicentro a 133 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, en Chiapas hay afectaciones que van más allá de lo material. Las que no se cuantifican, pero que causan un daño tan grande que ningún recurso federal puede reparar.

Una de ellas es la cruel realidad con la que a partir de la noche del 7 de septiembre tienen que vivir algunos adultos mayores de Chiapas.

Estos hombres y mujeres que por los estragos de la edad no pudieron salir a las calles a esperar que el sismo parara y se quedaron en casa pidiendo por sus vidas y las de sus familiares.

 

Uno de ellos fue Gildardo, un hombre de más de 70 años que camina todos los días con un bastón.

Mientras la tierra se sacudía trató de pararse pero sus piernas no le respondieron y decidió quedarse adentro de su hogar a pesar de que su hija y su esposa trataban de levantarlo.

 

Con miedo y desesperación le pidió a su hija y a su esposa salir del hogar para salvarse. Su esposa de 70 años no accedió y se quedó a su lado porque sin él la vida no tiene sentido. Su hija de más de 50 años con lágrimas en los ojos durante todo el temblor entraba y salía de la casa llena de miedo y angustia al ver que no podía hacer nada para levantar a su progenitor.

 

A pocas calles, Doña Andrea de 70 años pasaba el sismo junto a su hijo Gael, quien al ver que las piernas de su madre no respondieron y sus ojos le pedían quedarse bajo su techo él decidió abrazarla y esperar que la tierra y su Dios decidieran lo que sería de ellos.

 

Doña Andrea narra que para ella el sismo fue eterno, tanto que iba recordando a cada uno de sus hijos y sus nietos y conforme pasaba lista le pedía a Dios que los protegiera, y que si pasaba algo que le tocara a ella.

En la zona oriente, Doña María, una sobreviviente del cáncer de mama era levantada de su cama por su hija María José, quien también como pudo sacó a su padre, un ex sastre de 69 años.

 

“Majo”, como le dicen sus vecinos sacó a sus padres hasta la banqueta, y mientras temblaba sacó una silla para su madre, pues no puede permanecer parada por mucho tiempo.

En Chiapa de Corzo, Doña Carmen de 65 años y Doña Esther de 85 se quedaron en el quicio de la puerta de una de sus recamaras mientras que sus vecinos salían corriendo a la calle. Hasta que terminó el temblor comenzaron a pedir ayuda.

“No salimos porque no podíamos. Ya mis piernas no tienen fuerza para cargar a mi madre. Ella si camina pero se le aflojaron las piernas y no podía moverse, así que nos quedamos en la puerta pidiendo a Dios ayuda y a la tierra piedad”, comentó al salir de su casa Doña Carmen.

En la misma calle pero a cinco casas la familia Zarate fue la última en salir. En medio de gritos y llanto toda la familia sacó a la abuela cargando, quien no paraba de pedirle a Dios clemencia.

En Chiapas existe un gran número de adultos mayores viven solos, muchos de ellos la noche del 7 de septiembre no pudieron salir de su hogar y tan solo veían como las paredes se movían y sus fotos y recuerdos caían.

Los pilares de las familias chiapanecas pudieron ver el sol la mañana del viernes 8 de septiembre, un día en el que también aprendimos que no debemos dejar solos a nuestros adultos mayores, quienes por sus años vividos son poseedores de una gran riqueza que en estos tiempos agitados son de gran valía.

 

Foto Chiapas

 

 

 

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