Indagan reclutamiento de niños que vendían dulces en carretillas 

Los policías de investigación y en general todos quienes integran el Ministerio Público especializado en trata de personas, lucían ojeras en la mañana del domingo. Acuartelados, han debido levantar una investigación en tres días. 

La trata de personas es un delito difícil de probar, es realidad una serie de delitos e intenciones del criminal que convierten a la víctima en esclavo o peón encasillado.

Y los niños que vendían dulces en carretillas tenían esa condición de encasillamiento. Su trabajo debía pagar su hospedaje, su alimentación y, además, dejar ganancias al patrón.

Este domingo, los policías de investigación llegaron directo al búnker de la Procuraduría capitalina desde la sierra poblana, luego de echar mano de todos los contactos interestatales e incursionar en poblaciones donde muchos sólo hablan náhuatl.

En la sierra poblana han acumulado testimonios sobre el reclutamiento que hace la red de trata infantil que anidó durante al menos tres años en la Ciudad de México… Las camionetas iban hasta aquellos poblados a ofrecer trabajo a los niños. Con engaños se les llevaba (nunca se dijo que se les descontaría hospedaje y alimentación a un sueldo que, además, no veían, sino “hasta que regresaran al pueblo”).

La sistematización de la explotación infantil se agudizó, según testimonios recogidos por Crónica en Peralvillo, durante los últimos meses, cuando se incluyó a niños cada vez más pequeños.

El sistema de reclutamiento se había extendido a Puebla, Veracruz e incluso Chiapas. Luego de detectar a muchos menores nahuas, la Procuraduría capitalina encontró a un menor tzotzil. Había sido reclutado en Chiapas en un recorrido que hicieron camionetas de El Patrón por aquella entidad.

Con información de crónica