Rectoría tiene a la UNICACH convertida en polvorín

En la Mira / Héctor Estrada

 

No se necesitó siquiera de un año para que la rectoría de Adolfo Antonio Guerra Pérez, al frente de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), se convirtiera en un verdadero polvorín, donde los conflictos universitarios (académicos o estudiantiles) simplemente no han dejado de estallar uno tras otro como resultado de los intereses políticos detrás del máximo puesto universitario y la evidente mala administración por parte de la nueva rectoría.

 

Y es que, el conflicto estudiantil desatado hace alrededor de 15 días parece simplemente no tener tregua definitiva. Así lo dejaron de manifiesto este lunes los estudiantes huelguistas de las licenciaturas en Artes Visuales, Gestión y Promoción de las Artes, Leguas e Historia quienes desmintieron la conclusión del movimiento estudiantil, asegurando la continuidad de la huelga en las facultades ubicadas al oriente de la ciudad.

 

La inconformidad no es nada nueva. Desde a principios de año los malestares generados por diversos recortes presupuestales agudizaron la situación. Las carencias en insumos, beneficios estudiantiles, apoyos académicos y deficiencias en el mantenimiento de la infraestructura escolar se acentuaron con el paso de los meses. Incluso, materiales tan básicos como focos, agua para beber y paquetería office para los laboratorios de cómputo se hicieron deficiencias comunes.

 

Pero el asunto es mucho más complicado de fondo de lo que realmente parece. El descontrol que vive la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas está vinculada directamente con la inexperiencia y las deficiencias gestoras y/o administrativas de quien hoy lleva sus riendas. Adolfo Guerra es sin duda un experimentado abogado y notario público, pero en el rubro de la gestión pública francamente ha dejado mucho que desear.

 

Su imposición dentro de la rectoría de la UNICACH, por determinación unilateral de Manuel Velasco Coello, parece haberle quedado demasiado grande. Por lo menos es lo que demuestran los resultados alcanzados durante los ocho meses de rectoría, en los que las manifestaciones de inconformidad han desfilado casi de manera hilada. Y para muestra de ello, ahí está la amenaza de huelga anunciada por el Sindicato de Personal Académico de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas en febrero de este año.

 

En ese entonces el personal docente expuso el incumplimiento de diversos acuerdos ante la Junta de Conciliación y Arbitraje por parte de la nueva rectoría. A lo que su sumaron posteriormente las acusaciones hechas por administrativos y estudiantes, debido al presunto uso indebido de los recursos públicos y la falta de mecanismo de transparencia. Todo lo anterior, sin olvidar el recorte de cinco millones de pesos aplicado a 19 posgrados que mantienen en riesgo a nueve programas de maestrías y de doctorados inscritos en el Padrón Nacional de Excelencia de Conacyt.

 

Encrudecida por las huelgas estudiantiles de los últimos días, hoy la situación en la UNICACH apunta a complicarse con el paso del tiempo. La inexperiencia de Adolfo Guerra para gestionar recursos ante otras instancias, la falta de capacidad para controlar la estabilidad interna y los intereses oportunistas de sus detractores hacen de ese escenario un problema complejo que, para variar, también son consecuencia de malas decisiones tomadas por el caprichoso gobierno de Velasco Coello… así las cosas.