Con un exhorbitante salario, así despacha Alcalde de Tapachula, según Organo de Fiscalización

Chiapas, Isain Mandujano.
En el contexto del descontento en el que vive gran parte de la población de nuestro país y que indudablemente se agravó al inicio de este año con los aumentos a los precios de gasolinas y su consecuente impacto en el alza de otros precios, llama la atención que, a una larga lista de actos de corrupción e impunidad develados en los últimos tiempos en varios lugares de México, se suman los exorbitantes salarios de la clase política. 

Es a todas luces incongruente y señal de una total falta de empatía con las necesidades del pueblo, percibir salarios que no son acordes a la realidad de un país como el nuestro y que, particularmente en un periodo de crisis como el que estamos atravesando, requerirían de una revisión para determinar si es correcto erogar del presupuesto público.

Así, funcionarios de todos los niveles en el país, reciben sueldos que se traducen en grandes sumas de dinero sin importar que se encuentren trabajando para algunas de las regiones más pobres de México.

En el caso particular de los alcaldes de nuestro estado, tenemos ejemplos que, simplemente, rebasan la capacidad de comprensión, como el del alcalde de Tapachula, Neftalí del Toro Guzmán, quien percibe un sueldo mensual superior a los 137 mil pesos; o el alcalde de Ocosingo, Héctor Albores Cruz, quien lleva a su casa, por concepto de salario, 108 mil pesos al mes, ambos muy superiores al que recibe, por ejemplo, el alcalde de la capital estatal, Tuxtla Gutiérrez, la ciudad con más población y demanda de servicios, y que se sitúa en 57 mil 371 pesos, de acuerdo a datos del Organo de Fiscalización Superior del Congreso del Estado.

En la misma línea, presidentes de pequeños municipios como Pantelho, Chilón, Villa Comaltitlán, por mencionar sólo a algunos, incluidos entre los más pobres de este estado, igualmente uno de los más pobre del país, reciben un salario promedio mensual superior a los 67 mil pesos, muy por encima, sin duda, de lo que presupondría dedicarse al servicio público para ayudar a reducir los índices de subdesarrollo.

Ante ello y muchos otros ejemplos, cabe preguntarse cómo se determina el nivel de salario que perciben los alcaldes en un estado como el nuestro para buscar que se recategoricen al nivel que requeriría la realidad económica de la población que gobiernan.

En medio de la crisis económica, los aumentos al precio de la gasolina y la electricidad derivados de las reformas estructurales uno esperaría que los recortes presupuestales y el sacrificio económico viniera de quienes dicen trabajar para nosotros.