Cada temporada de lluvias, quien vive en los barrios que rodean el humedal de La Kisst, en San Cristóbal de las Casas, ve cómo el espejo de agua queda un poco más lejos. Donde antes había tular y juncos, hoy avanzan los rellenos de tierra, las casas de lámina y los lotes nuevos. El humedal se encoge, y con él, uno de los pulmones de agua de la ciudad.
Esa percepción ya tiene una medición precisa. Un estudio de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), publicado en la Revista Geográfica de América Central, analizó con imágenes del satélite Sentinel-2 cómo cambió el suelo de San Cristóbal entre 2016 y 2022. El resultado es contundente: la ciudad perdió 84.42 hectáreas de humedales en seis años, casi el 18 % de los que tenía.
Una pérdida que no se detiene
Esas 84 hectáreas se convirtieron en otros usos de suelo. Una parte se recuperó de forma natural, pero el saldo siguió siendo negativo: la superficie de humedal bajó de 477 a 408 hectáreas. El ritmo de pérdida es de unas 14 hectáreas por año. Si se mantiene, las 408 hectáreas que quedan podrían desaparecer en aproximadamente 29 años, advierte el estudio. No es la primera señal: la destrucción de estos humedales ya se había documentado en años anteriores.
La ciudad creció sobre el agua y el bosque
El mismo análisis muestra a dónde fue a parar ese suelo. La mancha urbana ganó más de 200 hectáreas entre 2016 y 2022, mientras el bosque perdió cerca de 124. Los humedales y las áreas boscosas cedieron terreno frente a la expansión de la ciudad y, en menor medida, a la agricultura. La presión es constante: apenas en febrero de 2026 las autoridades clausuraron obras que afectaban los humedales.
| Cobertura | 2016 (ha) | 2022 (ha) |
|---|---|---|
| Infraestructura urbana | 1,879.88 | 2,083.17 |
| Área boscosa | 878.38 | 754.61 |
| Humedales | 477.02 | 407.66 |
Protegidos en el papel, no en el terreno
Lo más grave es que estos humedales están protegidos. La Kisst y María Eugenia son sitios Ramsar de importancia internacional y, desde 2008, zona estatal sujeta a conservación ecológica. En enero de 2024 sumaron incluso la categoría federal de Área de Protección de Flora y Fauna, a cargo de la Conanp. Aun así, siguieron perdiendo superficie durante el periodo que midió el estudio.
Lo que se pierde con el humedal
Los humedales no son terrenos baldíos. Capturan y liberan agua poco a poco, recargan los acuíferos, regulan el clima y amortiguan inundaciones, además de almacenar carbono. La Conagua los reconoce como ecosistemas estratégicos para el ciclo del agua. En San Cristóbal albergan además especies endémicas, como el popoyote, un pez que solo vive en estas aguas y está en peligro; hace dos años murieron cientos de ellos.
Perder estos ecosistemas no solo deja a la ciudad sin esos servicios: también la vuelve más vulnerable ante el cambio climático. Por eso el estudio insiste en la urgencia de políticas de conservación y de un crecimiento urbano ordenado.
De vuelta en los barrios que rodean La Kisst, el espejo de agua sigue retrocediendo. El estudio de la UNICACH le pone número a lo que los vecinos ya intuían: si nada cambia, en unas tres décadas San Cristóbal podría quedarse sin sus humedales, y sin el agua, el aire y la vida que le regalan. La advertencia está sobre la mesa; la decisión, en manos de quienes deciden cómo crece la ciudad.



