Un estudio reciente encendió las alarmas al revelar que cada vez son menos las personas que leen por gusto. En Estados Unidos, entre 2003 y 2023, la práctica disminuyó cerca de un 40%, dejando a solo un 16% de los adultos con este pasatiempo.
Los investigadores señalan que las redes sociales, las plataformas de streaming y el consumo digital en general han desplazado a los libros, revistas y periódicos como actividades de entretenimiento. El problema, advierten, no es solo cultural: la lectura está asociada al desarrollo de la empatía, la comprensión lectora y al bienestar mental, por lo que su retroceso genera preocupación.
De hecho, el año en que más personas reportaron leer por placer fue 2004, con un 28%. Desde entonces, el descenso ha sido constante, con una baja anual cercana al 3%. Además, afecta principalmente a personas con menores ingresos, bajo nivel educativo o que viven en comunidades alejadas, donde el acceso a materiales y bibliotecas es más limitado.
Recuperar el hábito
Los especialistas sostienen que aún es posible revertir la tendencia si se impulsa la lectura como una experiencia compartida. Clubes de lectura, actividades en familia y eventos en bibliotecas pueden marcar la diferencia, sobre todo considerando que la mayoría de quienes leen lo hacen en casa y en solitario.
Sin embargo, preocupa que solo el 2% de los adultos lea diariamente con sus hijos, pese a que está demostrado que esta práctica fortalece la comprensión, la imaginación y la conexión emocional.
La situación en México
En nuestro país la realidad no es muy distinta. El INEGI reporta que, entre 2015 y 2024, el hábito de lectura cayó 14.6%. Hoy, el promedio de libros leídos al año es de apenas 3.2 por persona, con sesiones de unos 41 minutos diarios. Los libros son los materiales más consultados, mientras que los cómics ocupan el último lugar.
Especialistas en educación advierten que uno de los factores que explican este bajo índice es la falta de estrategias efectivas para enseñar a leer. Según datos recientes, uno de cada cuatro niños de tercer grado de primaria presenta dificultades para comprender lo que lee, y la situación es más crítica en comunidades indígenas.
































