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Chiapas, potencia de biodiversidad: la casa de la vida en México

Al amanecer en la Selva Lacandona, el aire se llena de un escándalo de pájaros. Entre la niebla, un tucán cruza de rama en rama, mientras en el lodo del sendero queda marcada la huella fresca de un jaguar que pasó de noche. En pocos lugares de México cabe tanta vida en tan poco espacio. Ese estruendo verde, repetido en selvas, bosques de niebla y manglares, es el patrimonio menos presumido y más valioso de Chiapas.

No es una impresión: es un dato. De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), Chiapas es, junto con Oaxaca, uno de los dos estados con mayor biodiversidad del país, al concentrar cerca de una cuarta parte de las especies de flora y fauna de México. Una riqueza que convive con uno de los mayores rezagos sociales de la nación.

Una cuarta parte de la vida del país

La explicación está en la geografía. Chiapas se ubica en una zona de transición entre el norte y el sur del continente, donde se cruzan especies de orígenes muy distintos. El resultado es una densidad biológica excepcional, que incluye la mayor diversidad de aves de México y un mosaico de ecosistemas que va de la selva húmeda al bosque de niebla.

Riqueza natural de Chiapas Detalle
Posición nacional Entre los 2 estados más biodiversos (con Oaxaca)
Ecosistemas Selva, bosque de niebla, manglar y sabana
Áreas protegidas emblemáticas Montes Azules, El Triunfo, La Encrucijada, La Sepultura
Especies emblemáticas Quetzal, jaguar, tapir, pavón cornudo
Conservación tradicional La milpa y el maíz nativo
De la selva al manglar

El territorio chiapaneco guarda algunos de los santuarios naturales más importantes del país. La Reserva de la Biosfera Montes Azules protege el corazón de la Selva Lacandona; El Triunfo resguarda el bosque de niebla y al mítico quetzal; La Encrucijada conserva manglares y humedales en la costa, y La Sepultura enlaza la Sierra Madre. Cada una es una pieza de un rompecabezas ecológico que regula el clima y el agua de la región.

La milpa también conserva

La biodiversidad de Chiapas no vive solo en las reservas. La milpa campesina —ese sistema que combina maíz, frijol, calabaza y chile— es una unidad de conservación a nivel de especies y de genes, sobre todo del maíz nativo. Para estudiarla y protegerla, el estado cuenta con instituciones de investigación como El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), entre otras, parte de un esfuerzo pionero por manejar de forma sustentable esa riqueza, como ocurre con proyectos de captura de carbono en comunidades indígenas.

Riqueza amenazada

El tesoro, sin embargo, está bajo presión. Los incendios forestales, la expansión de la frontera agrícola, la tala y el cambio climático erosionan cada año los ecosistemas chiapanecos. La paradoja es cruel: el estado más rico en naturaleza es también uno de los más pobres en ingresos, y esa tensión empuja a muchas comunidades a explotar el bosque para sobrevivir.

Lo que está en juego

De vuelta en la selva, al amanecer, el coro de aves sigue sonando. Cada especie que canta es parte de una herencia que coloca a Chiapas en el mapa mundial de la biodiversidad. Conservarla no es un lujo ambientalista: es proteger el agua, el clima y el futuro de millones de personas que dependen, sin saberlo, de ese estruendo verde.

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