
En una noche sin luna, en las laderas del volcán Tacaná, una bióloga cuelga una sábana blanca entre los árboles y enciende una lámpara de luz ultravioleta. Poco a poco, atraídas por el resplandor, llegan las palomillas: decenas, cientos, de alas grises, ocres, jaspeadas, que se posan sobre la tela. Algunas de las que aterrizan esa noche en la sábana no tienen todavía nombre científico. Nadie las había registrado antes en Chiapas. Algunas, quizá, nadie las había registrado en ninguna parte.
De ese trabajo de campo nocturno, repetido en los bosques de montaña, la selva y la depresión central del estado, salió el primer inventario completo de las palomillas medidoras de la subfamilia Ennominae en Chiapas. El resultado sorprendió incluso a quienes lo realizaron: 239 especies agrupadas en 101 géneros, según la investigación desarrollada en El Colegio de la Frontera Sur y publicada en marzo de 2026 en la revista científica internacional ZooKeys.
De 22 especies conocidas a 239
La cifra cobra dimensión al compararla con lo que se sabía antes. Hasta este estudio, Chiapas tenía documentadas apenas 22 especies de este grupo, todas provenientes de un solo sitio cerca de San Cristóbal de Las Casas, registradas en 1999. El nuevo inventario suma 167 especies que nunca antes se habían reportado para el estado. Es decir, multiplicó por más de diez el conocimiento disponible.
| Indicador | Dato |
|---|---|
| Especies conocidas antes (1999) | 22, de un solo sitio |
| Especies documentadas ahora | 239, en 101 géneros |
| Registros nuevos para el estado | 167 |
| Posibles especies nuevas para la ciencia | 12 |
Más llamativo aún: 12 de esas palomillas no coinciden con ninguna especie descrita hasta hoy. Probablemente sean nuevas para la ciencia, entidades que existen en los bosques chiapanecos pero que aún no tienen nombre ni clasificación formal. Una de ellas, de hecho, ya fue bautizada a partir de este trabajo. El hallazgo encaja en un país que figura entre los diez con mayor diversidad de mariposas y palomillas del mundo: México tiene cerca de 14 mil 500 especies documentadas de este grupo.
Las «medidoras» y por qué importan
Las palomillas de esta subfamilia se conocen como medidoras por el movimiento de sus orugas: al caminar, arquean el cuerpo formando un bucle, como si midieran el terreno a pasos. Son insectos de hábitos nocturnos, en su mayoría discretos, de tamaño mediano y tonos terrosos que las camuflan contra la corteza. Pese a ser poco vistosas, cumplen un papel clave en los bosques: sus orugas se alimentan de hojas de decenas de plantas y, a su vez, son alimento de aves y otros animales.
Su abundancia y variedad funcionan además como un termómetro del estado de salud de un bosque. Donde hay muchas especies de medidoras, suele haber un ecosistema diverso y bien conservado.
El tesoro está en las montañas
El hallazgo apunta a un lugar concreto: los bosques de niebla de Chiapas, entre los 1,100 y los 2,300 metros de altura. Ahí se concentró la mayor riqueza del estudio y casi todas las posibles especies nuevas. Estos bosques mesófilos de montaña son, al mismo tiempo, los ecosistemas más amenazados del país por la deforestación y el cambio de uso de suelo.
| Tipo de bosque | Especies | Exclusivas |
|---|---|---|
| Bosque mesófilo de montaña (1,100–2,300 m) | 143 | 113 |
| Selva húmeda (perennifolia, tierras bajas) | 92 | 48 |
| Selva seca | 42 | 15 |
La investigación también confirmó algo que los científicos sospechaban sobre la posición de Chiapas en el mapa de la vida: el estado funciona como un puente natural. Especies de afinidad norteña llegan aquí a su límite más al sur, mientras que especies tropicales alcanzan en los bosques chiapanecos su frontera más al norte. Esa encrucijada explica, en parte, por qué un territorio relativamente pequeño guarda tanta diversidad.
El bosque que desaparece
Chiapas es el segundo estado más biodiverso del país, pero también el segundo con mayor deforestación: pierde en promedio unos 2,300 kilómetros cuadrados de bosques y selvas primarios cada seis años, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). El bosque mesófilo de montaña —donde vive la mayor parte de estas palomillas— representa apenas el 15% de la superficie forestal del estado.
Lo que falta por descubrir
Los propios autores advierten que el inventario no está cerrado. Las curvas de muestreo indican que, con más salidas de campo, seguirían apareciendo especies. Chiapas, comparado con Costa Rica —un país de condiciones parecidas pero con décadas de estudio—, aún tiene buena parte de su fauna de palomillas por documentar. El listado, dicen, es apenas una base para lo que vendrá.
De vuelta en la oscuridad del Tacaná, la sábana iluminada sigue recibiendo visitantes alados hasta la madrugada. Cada palomilla que se posa es una pieza de un rompecabezas que apenas empieza a armarse. Y cada bosque de montaña que desaparece se lleva, en silencio, especies que tal vez nunca alcanzamos a nombrar.









