
La “Basílica” tseltal sostiene el catolicismo en los Altos de Chiapas. Hoy administra 35 comunidades aledañas y recibe peregrinos de municipios vecinos como Oxchuc, Mitontic y Chenalhó.
A más de dos mil metros de altura, en una colina visible desde lejos en la comunidad tseltal de Sibaniljá Pocolúm, un grupo de peregrinos que volvía de la Ciudad de México a principios de los noventa abrió una olla manchada de hollín y creyó ver dentro la silueta de la Virgen de Guadalupe. No la limpiaron. La cuidaron de regreso por el camino, la entregaron a la comunidad y, con el paso de los años, ese hallazgo se convirtió en lo que hoy es la única réplica indígena de la Basílica de Guadalupe en Chiapas.
Una olla, un sueño y un terreno comprado entre todos
El grupo de devotos peregrinaba con antorcha hacia la Basílica del Tepeyac cuando ocurrió el episodio. Al detenerse a preparar alimentos en el camino, vieron que el hollín dibujaba sobre la olla la imagen de la Guadalupana. El objeto fue resguardado y custodiado durante el resto del recorrido.
Al volver a casa, otra mujer de la comunidad afirmó haber recibido el encargo de la Virgen en sueños: pedía una capilla en una colina cercana. La comunidad católica se organizó, compró el terreno donde brotaba un ojo de agua, levantó una capilla pequeña y colocó allí la olla. El sitio fue ganando fieles. Después llegaron donaciones de simpatizantes de Suiza, Italia y Estados Unidos para techar el templo con herrería y lámina, y la construcción terminó adoptando la forma cónica que recuerda a la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México, aunque a escala menor.
Una minoría que se hizo centro
El dato que sostiene la fuerza del santuario está en el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI: solo el 38.81% de la población de Tenejapa se declara católica, una proporción muy por debajo del promedio chiapaneco (53.9%) y aún más lejana del nacional. El 99.5% de los 48,162 habitantes del municipio es población indígena, en su mayoría hablante de tseltal.
En ese contexto, Pocolúm dejó de ser una capilla local para convertirse en el centro de gravedad católico de toda la región. Hoy administra 35 comunidades aledañas y recibe peregrinos de municipios vecinos como Oxchuc, Mitontic y Chenalhó. Para la Diócesis de San Cristóbal de las Casas funciona como parroquia que cubre la zona de Las Cañadas; para los fieles, es un santuario al que se sube a pie, con velas y mariachis, y al que se le atribuyen propiedades curativas al agua que brota del subsuelo, en una analogía evidente con el relato del Tepeyac.
Del 27 de noviembre al 12 de diciembre: el calendario propio
El calendario que se repite cada año en Pocolúm tiene cuatro momentos clave, documentados por la antropóloga Lucero del Carmen Paniagua Barrios, investigadora del CIESAS Sureste, durante el trabajo de campo que realizó entre 2021 y 2024 en la comunidad:
- 27 de noviembre. Misa solemne que abre las festividades. La “virgen peregrina” comienza a recorrer las 35 comunidades a razón de una localidad por día, acompañada de cohetes, banda, mariachi e incienso.
- 1 de diciembre. La imagen regresa al santuario.
- 2 al 10 de diciembre. Novena de rezos. Grupos de devotos de cada comunidad visitan Pocolúm cantando, rezan en tseltal y “danzan” con movimientos lentos al ritmo de instrumentos tradicionales.
- 12 de diciembre. Misa principal a mediodía, oficiada por el sacerdote de la parroquia de Tenejapa, con un grupo musical monumental integrado por jóvenes de las 35 comunidades aledañas, que tocan guitarra, trompeta, violín y bandolón.
Una particularidad que la investigadora subraya: durante los días de fiesta no se vende ni se consume alcohol en el atrio del santuario, algo poco frecuente en otras festividades indígenas de la región. Los fieles llegan desde temprano, visitan la pequeña capilla del ojo de agua y se llevan agua en recipientes para uso ritual en casa.
Un proyecto pastoral con apoyo internacional
El santuario también ha funcionado como vitrina de la Iglesia católica mexicana en su esfuerzo por reanclar el catolicismo en territorios donde las iglesias protestantes ganaron terreno desde los años setenta. En 2007 el espacio fue elegido como una de las sedes del VI Encuentro Mundial de las Familias, coordinado por el arzobispado primado de México, y en febrero de 2017 albergó la conmemoración del primer aniversario de la visita del papa Francisco a Chiapas, en la que el pontífice argentino pidió perdón a los pueblos indígenas por la historia de exclusión.
Una investigación que se suma a la cobertura previa
Paniagua Barrios reconstruye este fenómeno en un artículo recién publicado en la revista Ciencias Sociales y Religión de la Universidad Estatal de Campinas (Brasil), basado en visitas y entrevistas hechas entre 2021 y 2024 en Tenejapa y Chamula. Tiene además un trabajo previo sobre el mismo santuario publicado en 2024 en la revista Pueblos y Fronteras Digital del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR-UNAM), y una línea de trabajo sobre guadalupanismo chiapaneco que viene sosteniendo desde 2019.
Algunos de estos hallazgos ya habían sido divulgados en medios chiapanecos: en diciembre de 2023, Chiapas Paralelo recogió declaraciones suyas sobre los santuarios guadalupanos indígenas en una entrevista que adelantó parte de su investigación. La novedad del estudio reciente está en la comparación sistemática entre el santuario de Pocolúm, en Tenejapa, y las capillas guadalupanas que han proliferado desde los años noventa en comunidades del vecino municipio de Chamula, donde el catolicismo opera con reglas distintas y al margen de la institución diocesana.
Para la investigadora, la lección de fondo es que el territorio religioso no se mide en kilómetros sino en fidelidades. Pocolúm es hoy, escribe, un espacio donde la fe se vuelve frontera: un lugar de pertenencia católica visible en medio de una región donde el censo dice que esa pertenencia es minoritaria.
Mientras tanto, en la colina de Sibaniljá, la olla de hollín que un grupo de peregrinos creyó leer como milagro hace treinta y cinco años sigue resguardada en la pequeña capilla del ojo de agua. A su lado, cada 12 de diciembre, llegan fieles desde antes del amanecer con recipientes vacíos para llevarse un poco del agua que brota de la tierra.












