
El protocolo se cumplió, los 3 baúles envueltos en petates y flores dejaron su hogar en Copoya y partieron con destino a la capital de Chiapas.
En la fría mañana del 30 de enero, las mujeres empezaron a ataviarse con la vestimenta tradicional festiva de la fecha, los hombres empezaron a envolver con flores los baúles llenos de historia, eran los preparativos para la bajada de las ‘Copoyitas’.

El altar donde se ubicaban las 3 imágenes marianas: Candelaria, Rosario y Olaechea quedó vacío y en su lugar permanecieron 4 velas. Debajo de un techo de teja, las vírgenes esperaban la hora para emprender el viaje que las llevaría de nuevo a Tuxtla. Los músicos interpretaron los sones tradicionales de tambor y carrizo.

El protocolo se cumplió y los 3 baúles envueltos en petates y flores dejaron el hogar de los presidentes de festejos y partieron con destino a la capital chiapaneca.
Las vírgenes dejaron su hogar y fueron transportadas por sus fieles creyentes que las cargaron en sus espaldas con la ayuda de un mecapal, el contigente de danzantes, músicos y asistentes empezó a formarse para dejar así la comunidad de Copoya.

El recorrido se prolongó por varios kilómetros, en donde el penacho de plumas de guacamaya abría el camino e irrumpía el verde de los cerros, que han sido testigo de los rituales de los zoques de Tuxtla.
Las vírgenes avanzaron y las mujeres ataviadas a la usanza tradicional empezaron a danzar el yomoetzé, de la misma forma el napapok etzé (PENACHO) junto a sus viejas continuaron danzaron en el recorrido.
El contingente de creyentes llegó a Tuxtla Gutiérrez y finalizó después de haber caminado varios kilómetros. La que es denominada como la festividad más larga de México se prolongará hasta el 17 de marzo, día en que las vírgenes regresen a su hogar.




















