A través de la repostería suma fondos para una prótesis.
Tania Rodríguez tiene más de 15 años como repostera independiente en Tuxtla, donde ha participado en bazares, expos y festivales gastronómicos de la región.
Hace cuatro años comenzó a sentir dolor e hinchazón en una pierna, molestias que atribuyó al trabajo de estar de pie todo el día.
Lo que parecía un esguince se convirtió en el inicio de un largo proceso médico que terminaría por cambiar su vida por completo.
“Lo que a mí me sucedió fue que justamente comencé a notar que mis piernas se hinchaban, que me dolían. Pero yo daba por sentado que era parte del trabajo. El dolor viene con el trabajo que nosotros desempeñamos”, señaló.
Durante años, Tania pasó de diagnóstico en diagnóstico —trombosis, insuficiencia venosa, problemas renales— sin que ningún médico diera con la causa real de su padecimiento.
“Pasé por muchos diagnósticos Fueron cuatro años de rebotar de médico en médico, de especialista, de diagnóstico en diagnóstico Pasé por una insuficiencia venosa severa, la trombosis, el esguince Me revisaban los riñones para ver si no era eso y no había un diagnóstico claro”, indicó.
El pie de Charcot, una enfermedad que provoca microfracturas y que, en su caso, derivó en una infección severa y una sepsis que puso su vida en riesgo.
Pese a cirugías, yesos y meses de tratamiento, su pie terminó por deformarse y los huesos se deterioraron sin posibilidad de recuperación. El 24 de julio del año pasado le amputaron la pierna.
“Al hacerme estudios más profundos, pues descubren que ya no era posible Que ya los huesos de mi pie estaban completamente hechos polvo Que solamente lo unía al músculo, entonces ya no había más opción que amputar y el 24 de julio de hace un año, me amputan”, narró.
Para Tania, la amputación significó también un duelo. Aprender a superar la pérdida, relató, fue un proceso que describe como difícil pero necesario para seguir adelante.
“Es un proceso efectivamente, es un duelo Porque no solamente moralmente mi pierna se murió, hay un acta de defunción que a mí me dieron de mi pedacito, realmente es un duelo porque hay que tomar una decisión, de enterrarlo, de cremarlo, tu pedazo que perdiste, efectivamente está muerto, lo tienes que enterrar o cremar y eso va a estar contigo toda tu vida”, expuso.
Reconoció que el apoyo de su familia, sus amigos y la terapia psicológica han sido claves para sostenerse en los días complicados, aunque admite que el cansancio y la dependencia de otras personas siguen siendo un reto diario. Su hijo pequeño, dice, es la razón principal que la impulsa a no rendirse.
“Tuve la fortuna de llevar un acompañamiento muy bueno, de tener un muy buen traumatólogo, de tener una familia que de ningún momento me soltó, amigos que no me soltaron, que respetaron mis tiempos y mi duelo, y que no me permitieron quedarme tirada en una cama”, dijo.
Hoy Tania está en lista de espera del DIF para recibir una prótesis que le devolvería buena parte de su independencia, aunque el trámite avanza con lentitud y el costo —entre 60 mil y 100 mil pesos, más el reemplazo anual del recubrimiento de gel— resulta inalcanzable para muchas familias.
“Pues a su servidora la contactan al 961-109-4715, o si nos quieren apoyar consumiendo nuestro producto, o comprando nuestro producto, pues abonan mucho a esta parte que estamos guardando para ver también la posibilidad de si no comprar la bebida particular, nos encuentran en redes sociales como Dulce Sazón, Repostería y Novedades, o @tania.rte_dulcesazón”, remató.

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