Hoy es menos común encontrar estas preparaciones en comparación con otros productos industrializados, aunque siguen realizándose y forman parte del patrimonio gastronómico de Chiapas.
Hay sabores que resisten el paso del tiempo y que, con una sola cucharada, son capaces de transportarte a la infancia. En Tuxtla Gutiérrez, uno de esos tesoros gastronómicos es la leche quemada, un postre tradicional que durante generaciones ha formado parte de la identidad de las familias chiapanecas y que hoy sigue encontrándose en el mercado más antiguo de la ciudad.
Su elaboración es sencilla, pero requiere paciencia, técnica y el toque especial que le da su característico color tostado, hacen de este postre una preparación única, distinta a otros dulces o postres mexicanos.
La forma de disfrutarla también ha cambiado con el tiempo. Quienes crecieron en Tuxtla recuerdan que antes se servía en pequeñas borcelanas que los clientes devolvían al día siguiente, una costumbre que reflejaba la confianza entre vendedores y compradores.
Aunque hoy es menos común encontrar este postre en comparación con otros productos industrializados, coincidieron en que sigue siendo parte del patrimonio gastronómico de Tuxtla. Mantener viva esta receta también significa apoyar a las familias que aún conservan esta herencia culinaria.
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