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Durante 50 años vendió sus productos en Tuxtla Gutiérrez, ahora ofrece sus dulces desde el corazón de Chiapanequito de Corzo.
Con 67 años y una vida entera dedicada a los dulces tradicionales, doña Amparo Melchor recuerda que comenzó en este oficio desde los 12 años, aprendiendo junto a su abuela a preparar camote horneado.
Sin maestros ni recetas escritas, fue observando y escuchando cómo se elaboraban los dulces en los mercados que poco a poco dominó el arte del nuegado, la melcocha, el turrón, las obleas y las hojuelas.
“Ya ahora que ya estoy grande pues ya empecé a hacer mi nuegadito. Y empanadita. Ya sé este, tascalate, chocolate. Chocolate, tascalate. Este, tengo este, hice de jocote curtido, nance curtido, también hice también. Este, hice también hice nuegaditos, suspiros. Hice melcocha también”, señaló.
Durante 50 años vendió sus productos en Tuxtla Gutiérrez, levantándose todos los días a las cinco de la mañana para preparar cada dulce a mano.
Reconoce que la melcocha y la fritura de los nuegaditos son las tareas más difíciles, pues el calor de la miel y el aceite le quemaban las manos.
“Sí, es que hacía mi nuegadito, hacía mi obleas, hacía el gaznate y todos los días, todos los días, y hojuelas también. Hacía hojuelas. Todos los días de este, y de cuando chimbo también, dulce chimbo, hacía también. Y todos vendían en Tuxtla y ya cuando este, ya después me vine para acá”, contó.
Hace dos décadas se trasladó a Chiapa de Corzo, donde hoy continúa vendiendo cada día, de diez de la mañana hasta entrada la noche, con el apoyo de sus hijas.
Doña Amparo también habla de su vida familiar: tiene dos hijas y cuatro nietos, algunos de los cuales viven lejos y solo la visitan una vez al año.
“Cada año, porque vienen en febrero pues, vienen en enero para salir para Chiapas. ¿Sí? Vienen para Chiapas, vienen aquí”, dijo.
Cuando llegan, dice sentirse alegre; cuando se despiden, la tristeza la acompaña, aunque siempre les desea que Dios los bendiga y que lleguen bien a su destino.
“Como hace este, este, triste porque ya se fueron y ahí que digo que Dios los bendiga, que lleguen bien. Que lleguen bien les digo pues”, apuntó.
Pese a los años y el esfuerzo físico que implica su oficio, doña Amparo asegura sentirse en paz en el parque central de Chiapa de Corzo, un lugar donde asegura ponerse tranquila, contenta.

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