“Cabe recalcar que esto no es un problema de los papás, el TDAH no es un problema que tenga que ver con la crianza de los hijos…”.
Bajo la lupa de la realidad médica, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) no se cura con regaños ni con los golpes que la pedagogía del pasado pretendía justificar. Es una condición del desarrollo a nivel neurológico. La impulsividad, la desatención y la hiperactividad provienen de un diseño cerebral distinto, muchas veces de origen genético, y no de una rebelión infantil ni de una paternidad defectuosa.
La precisión del psicólogo Andrey Roblero desmonta, de un plumazo, siglos de estigma social. En los pasillos escolares y en las mesas familiares de Chiapas se suele dictar sentencia con ligereza: ante un menor que no se queda quieto o que olvida la tarea, la condena social apunta de inmediato a los padres, acusándolos de una supuesta falta de mano dura. Pero la ciencia dice otra cosa.

La trampa de las redes sociales: la distracción no es un diagnóstico
En la era de la inmediatez y los videos cortos, el TDAH parece haberse convertido en una etiqueta de moda. “Todos tenemos en algún momento algún síntoma de olvido, de que me distraje, de ser un poquito impulsivos”, advierte Roblero. Sin embargo, el especialista es tajante: el olvido cotidiano no es un boleto de entrada a la neurodivergencia, y el autodiagnóstico es una irresponsabilidad.
Para ponerle nombre a esta condición no basta con identificarse con un video en internet. Se requiere:
- Evidencia científica: Un proceso riguroso y validado.
- Mirada multidisciplinaria: La evaluación integral de psicólogos, neurólogos y, en ocasiones, psiquiatras.
- Tratamiento integral: Que va desde la psicoeducación familiar hasta herramientas clínicas y apoyo farmacológico en los casos más severos.
Mentes diferentes, aprendizajes distintos
El TDAH no es una gripa que desaparece con el tiempo; es una estructura mental con la que se cohabita toda la vida. Aunque los síntomas se regulen y la persona aprenda a canalizarlos a través de la terapia, la manera de procesar el entorno y de aprender en las aulas siempre será diferente a la del promedio.
Es ahí donde la trinchera familiar se vuelve indispensable. El tratamiento no es exclusivo para el menor; los cuidadores primarios necesitan urgentes dosis de psicoeducación para mitigar la ansiedad, derribar los mitos del hogar y erradicar las agresiones que nacen de la frustración.
En este día de concientización, el llamado desde la salud mental en Chiapas no es a la lástima, sino a la decencia social. Entre quienes banalizan el trastorno usándolo como excusa y quienes lo padecen en el día a día sin acceso a un especialista, la urgencia es una sola: sensibilidad, ciencia y paciencia para dejar de invisibilizar a quienes piensan diferente.
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