
Chiapas carece de prácticas de manejo de la especie. La UNICACH ha llamado a fortalecer la conservación del copal zoque.
BERRIOZÁBAL, CHIAPAS.- Don Agustín Pérez baja del cerro con la cáscara en el costal y la respiración pausada. Lleva más de tres décadas haciendo el mismo recorrido: salir de madrugada, encontrar los árboles, hacer la incisión con el machete, recoger la corteza, dejar que la resina escurra durante ocho días, regresar a recolectarla. “Ya que le hayamos hecho varios raspados al árbol, entonces lo dejamos descansar para que vaya cicatrizando las heridas. En un año ya se recuperan, pero ya no se vuelven a raspar”, explica.
Esa frase —escuchada en una entrevista realizada en septiembre de 2022 por investigadores de la UNICACH— resume el manejo tradicional que ha permitido que los árboles de copal de la Depresión Central de Chiapas sigan vivos después de cinco siglos de extracción intensiva.
Pero también es un manejo que la propia investigación describe como insuficiente para los tiempos que vienen. Un estudio etnobotánico publicado en mayo de 2026 en la revista científica Botanical Sciences, realizado entre 2022 y 2024 por un equipo de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, lanzó una advertencia que merece ser leída con calma: la intensidad y frecuencia del uso del copal en Chiapas, combinadas con la falta de prácticas de manejo más sofisticadas, son un llamado de atención para la conservación de las especies de Bursera.
Hasta 30 árboles en un solo día
El raspado de los árboles de copal es una técnica precisa pero exigente. Con un machete, el copalero hace una incisión que mide entre 40 y 70 centímetros de largo por 20 a 30 de ancho en un solo lado del tronco principal. Recoge la cáscara, la guarda en costales y la traslada para secarla al sol. Ocho días después regresa al mismo árbol —al “copalar”, como le dicen los recolectores— y recoge la resina que se ha acumulado en el tronco o que escurrió hasta el suelo. Repite el proceso en otra zona del árbol varias veces, hasta que el ejemplar ya no puede ser descortezado. Entonces lo deja descansar al menos un año para que cicatrice.
Un copalero experimentado puede raspar hasta 30 árboles en un solo día de trabajo. La investigación documentó que solo cuatro recolectores activos sostienen la oferta de copal en la región estudiada —los hombres de Berriozábal, Tuxtla Gutiérrez y Ocozocoautla que recorren los cerros buscando ejemplares robustos—. Es una cadena productiva sostenida por muy pocas manos, pero con un volumen alto: si esos cuatro hombres raspan colectivamente 100 árboles a la semana durante la temporada seca, el impacto acumulado sobre las poblaciones silvestres de Bursera es considerable.
La técnica zoque frente a la del centro de México
Si se compara con otras regiones del país, el manejo tradicional zoque resulta llamativamente más rústico. En Morelos, los recolectores estudiados por la propia literatura etnobotánica mexicana prefieren árboles cultivados sobre los silvestres, seleccionan ejemplares de entre ocho y diez años, y practican técnicas de incisión pequeñas pero frecuentes, diseñadas para maximizar la producción de resina sin dañar al árbol. En Oaxaca, los recolectores ixcatecos cuidan activamente los árboles, los protegen del fuego y de los animales, y vigilan la calidad del aroma y la cantidad de resina producida. En la Sierra de Huautla, los árboles de copal son propagados deliberadamente en agroecosistemas como las milpas.
En Chiapas, en cambio, el aprovechamiento es casi exclusivamente silvestre. Los recolectores caminan largos trayectos por los cerros buscando árboles que crecieron por su cuenta, sin haber sido plantados ni cuidados. Algunos pocos ejemplares se conservan en huertos familiares o como cerco vivo de las parcelas, pero son la excepción, no la regla. Los autores del estudio escriben con prudencia: si bien esta práctica “ha permitido que hoy en día existan poblaciones de estas especies de Bursera que se sigan utilizando”, también es necesario diseñar estrategias de conservación que aseguren el aprovechamiento sustentable a futuro.
Tres señales que encienden la alerta
La investigación de la UNICACH identifica tres tensiones específicas que, sumadas, podrían comprometer la conservación de las Bursera en Chiapas:
Primera: la intensidad del uso sin manejo formal. El sahumerio acompaña prácticamente todo el calendario ritual de las seis comunidades zoques estudiadas. Hay sahumado los días de Semana Santa, el 3 de mayo por la Santa Cruz, el 20 de enero por San Sebastián, en Corpus Christi, el 24 de junio por San Juan Bautista, el 28 de octubre por San Judas Tadeo, los primeros días de noviembre por el Día de Muertos, en Navidad, en Año Nuevo, en aniversarios luctuosos y, en los hogares más tradicionales, una o dos veces al día durante todo el año. Esa demanda permanente exige una oferta permanente, y la oferta proviene de un puñado de árboles silvestres sin ningún plan formal de aprovechamiento.
Segunda: la entrada del copal del centro de México a los mercados locales. En las visitas más recientes a un mercado de Tuxtla Gutiérrez, los investigadores detectaron un puesto de productos naturistas que empezó a ofrecer copales traídos desde Morelos, Puebla y Guerrero a precios semejantes a los locales. Es la primera vez que se documenta esa competencia en el corazón del territorio zoque. Si la demanda local se desplaza hacia copales foráneos, los recolectores chiapanecos podrían quedarse sin mercado; pero si la demanda crece y se suma a la oferta local sin regulación, la presión sobre los árboles silvestres de Chiapas aumentará.
Tercera: el debilitamiento de la transmisión de conocimiento. Los recolectores entrevistados por el estudio comparten un mismo diagnóstico: los jóvenes ya casi no quieren subir al cerro. La recolecta exige caminatas de varios kilómetros, machete en mano, sin garantía de encontrar árboles productivos. Si la próxima generación masculina se desentiende del oficio —como ya ocurre con muchas mujeres jóvenes y el sahumado—, la cadena se romperá no por falta de árboles sino por falta de manos que sepan extraer la resina sin matar al ejemplar.
Cuatro especies, cuatro vulnerabilidades
Las especies de Bursera que sostienen el copal zoque no comparten el mismo nivel de presión. La Bursera bipinnata —el copal de hoja menuda, el más apreciado por la calidad y blancura de su resina— es también una de las más usadas en todo México, no solo en Chiapas. La Bursera excelsa —el copal de hoja ancha— tiene una distribución amplia en el territorio nacional pero un uso menos extendido. La Bursera diversifolia —el copal de zope— y la Bursera tomentosa —el copal de zope negro o estoraque— se utilizan principalmente en la región zoque y no habían sido documentadas como especies resiníferas en la literatura previa al estudio de la UNICACH.
Eso significa que para dos de las cuatro especies, este estudio es el primer registro científico formal de su uso comercial como copal. Si se quisiera diseñar un plan de manejo sustentable, prácticamente habría que empezar desde cero: no existen estudios previos sobre cuánta resina produce un árbol al año, cuánto tarda en regenerarse después de una herida grande, cuál es el ciclo reproductivo óptimo o cómo varía la productividad entre la temporada seca y la de lluvias.
Un llamado al diálogo entre comunidades y academia
La conclusión del estudio no es alarmista, pero sí inequívoca. Los autores proponen un camino concreto: el diálogo entre el conocimiento tradicional zoque —que durante cinco siglos ha sostenido el oficio— y la investigación académica sobre fisiología, bioquímica y fenología de las Bursera. La universidad puede aportar mediciones, ciclos, datos cuantitativos. Las comunidades aportan algo que la ciencia no tiene: el ojo entrenado para reconocer un árbol productivo, las manos que saben dónde y cuándo cortar, la transmisión generacional de las técnicas. Juntos, podrían diseñar estrategias de aprovechamiento sustentable con raíces bioculturales propias, en lugar de imponer modelos importados.
El estudio también señala que las propias prácticas tradicionales contienen elementos de conservación que podrían reforzarse: el descanso anual de un árbol después de varios raspados, la elección de ejemplares robustos para no comprometer a los pequeños, la recolección únicamente de heridas naturales en algunos casos, el aprovechamiento integral de cada producto (cáscara, resina con corteza, resina pura, copal compuesto, estoraque) para evitar desperdicios. Son lecciones de cinco siglos de práctica continua.
Lo que se juega cuando se quema una bolsita de copal
Cada vez que en una casa de Tuxtla, Berriozábal, San Fernando, Ocozocoautla, Copoya o Suchiapa alguien enciende el carbón y echa una “lágrima” de resina sobre la brasa, está activando una cadena que empieza en un cerro de la Depresión Central, pasa por las manos de un recolector como Don Agustín, recorre los puestos de un mercado y termina en el humo que sube hacia un altar. Esa cadena tiene cinco siglos. Y depende de cuatro especies de árboles que, por ahora, siguen vivos.
El llamado de la UNICACH no es a dejar de sahumar. Es a reconocer que el copal zoque es, al mismo tiempo, una tradición espiritual, un recurso económico y un patrimonio biocultural cuya conservación exige más que la memoria de quienes hoy lo sostienen. Exige decisiones públicas, investigación aplicada y, sobre todo, un acuerdo entre las comunidades que conservan el oficio y las instituciones que pueden ayudar a estudiarlo. Mientras ese acuerdo no llegue, Don Agustín seguirá subiendo al cerro con su machete, recolectando lo que el monte le permita, dejando descansar a los árboles un año, y rezando —cada vez que el copal arde— para que la próxima generación encuentre todavía sobre quién hacer la incisión.
La investigación que detecta las señales de alerta sobre la conservación de las Bursera en Chiapas fue realizada por Alejandra Janeth Díaz-López, Marisol Castro-Moreno, Juan Felipe Ruan-Soto e Iván de-la-Cruz-Chacón, del Instituto de Ciencias Biológicas de la UNICACH, con financiamiento del Instituto de Ciencias, Tecnología e Innovación de Chiapas (ICTI) y una beca de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI). El estudio fue publicado bajo licencia Creative Commons en la revista Botanical Sciences, volumen 104, número 2.












