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Danza del Calalá: el Corpus Christi de Suchiapa

Este 4 de junio arranca la celebración de Suchiapa, en un mar de humo, danzas y música tradicional. 

SUCHIAPA, CHIAPAS.- Cuando la mañana del jueves 4 de junio se rompa con el primer tambor, las calles empedradas de Suchiapa volverán a llenarse de tigres, venados y serpientes emplumadas. Hombres del pueblo, con máscaras de madera y trajes pintados a mano, recorrerán el centro bailando alrededor de un personaje que les abre paso: el Calalá, un venado de cuernos altos que avanza despacio entre el polvo y el humo. El humo no es coreográfico ni decorativo. Es copal. Es la misma resina con la que sus abuelas sahumaban los altares al amanecer, ardiendo ahora a ras de las máscaras en uno de los Corpus Christi más singulares de México.

La danza del Calalá es la pieza central del Corpus Christi de Suchiapa, un municipio de origen zoque ubicado a 22 kilómetros al sureste de Tuxtla Gutiérrez. Cada año, 60 días después del Domingo de Resurrección, el pueblo se convierte en escenario de una fiesta donde lo prehispánico y lo católico se entrelazan en cada paso, en cada compás y en cada bocanada de humo.

El venado, los tigres y la serpiente emplumada

La coreografía del Calalá no es una invención reciente. Es una pieza ritual que las generaciones zoques de Suchiapa han sostenido durante siglos, transmitida cuerpo a cuerpo entre los hombres del pueblo. En el centro avanza el Calalá —el venado, animal sagrado de las cosmovisiones mesoamericanas—. Lo flanquean una comparsa de tigres, símbolos del poder y la fuerza guerrera; un Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que une el cielo con la tierra; y los chamulas, danzantes que representan a los pueblos tsotsiles de los Altos.

El recorrido cruza las calles principales de Suchiapa entre rezos, música de tambor y flauta, y nubes constantes de copal que los sahumadores —en su mayoría mujeres mayores del pueblo— llevan en braseros de barro. El sahumerio no es un adorno: es parte estructural de la danza. Cada vez que los danzantes hacen una pausa, alguien se acerca con el copalero y los envuelve en humo. La purificación, en la cosmovisión zoque, no es un acto aparte de la celebración; es la celebración misma.

Una raíz que la academia apenas empieza a documentar

Aunque la danza es conocida en toda la región, el papel específico del copal dentro del Corpus Christi de Suchiapa no había sido documentado a profundidad por la academia hasta hace muy poco. Una investigación etnobotánica publicada en mayo de 2026 en la revista científica Botanical Sciences, realizada por un equipo de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), entrevistó a nueve personas de Suchiapa entre 2022 y 2024 sobre el uso del copal. Casi todas coincidieron en lo mismo: durante el Corpus Christi, el humo del copal es indispensable.

Los investigadores describen al sahumerio en la festividad como “un componente esencial” de las manifestaciones culturales y religiosas que se llevan a cabo durante la celebración. El humo acompaña la velación del Santísimo Sacramento, los rezos, las procesiones y, en particular, la danza del Calalá, donde tigres, venado, Quetzalcóatl y chamulas avanzan literalmente envueltos en él.

De Iztacteteo al Santísimo Sacramento

Para entender por qué el copal sigue ardiendo en una festividad católica como el Corpus Christi —celebración instituida por la Iglesia en el siglo XIII para honrar la eucaristía—, hay que retroceder mucho antes de la llegada de los misioneros a la Nueva España. En las culturas mesoamericanas, el humo del copal era considerado alimento de los dioses. Se le llamaba Iztacteteo, “el Dios protector”, y se quemaba en las ofrendas dedicadas a la madre tierra, al nacimiento, a la muerte y a la siembra y cosecha del maíz. En las zonas arqueológicas mayas de Palenque, los arqueólogos han encontrado restos de copal incinerado en los incensarios ceremoniales.

Cuando llegó el catolicismo, el copal no desapareció. Se incorporó. Las comunidades indígenas y mestizas que adoptaron la nueva religión llevaron consigo su gramática del humo, y la Iglesia —que ya quemaba sus propios inciensos en los rituales eucarísticos— terminó aceptando esa fusión. Hoy, en Suchiapa, el copal humea para venerar el cuerpo de Cristo con la misma intensidad con que humeaba, hace cinco siglos, para alimentar a deidades cuyos nombres ya nadie pronuncia en voz alta.

Esa fusión tiene un nombre en la antropología: sincretismo. Y el Corpus Christi de Suchiapa es uno de sus mejores ejemplos vivos en el sureste mexicano. La festividad oficial conmemora la presencia eucarística de Cristo, pero los personajes que danzan a su alrededor —el venado, el tigre, la serpiente emplumada— pertenecen a un panteón que precede al cristianismo en más de mil años.

Suchiapa, un pueblo que sahúma todo el año

El Corpus Christi no es la única ocasión en que Suchiapa se llena de copal. La investigación de la UNICACH encontró que sus habitantes sahúman también el Día de la Santa Cruz (el 3 de mayo), las fiestas patronales de San Sebastián Mártir (el 20 de enero), el Día de Muertos, la Navidad, Semana Santa y los aniversarios luctuosos. Sahúman las casas, los altares domésticos, los enfermos y, durante el Día de Todos los Santos, las tumbas del panteón municipal.

Pero el Corpus Christi tiene una intensidad distinta. Es la fiesta donde la danza, la procesión, la música y el copal convergen en una misma escena ritual que recorre el pueblo entero. Quienes la han visto la describen como una experiencia sensorial total: el sonido de los tambores, los colores de las máscaras, el peso simbólico del venado avanzando entre tigres, y un aroma denso y dulce que se queda pegado a la ropa durante horas después de que la danza termina.

Una herencia que sigue ardiendo

El copal que se quemará el próximo jueves en Suchiapa proviene, según describe la investigación, principalmente de cuatro especies de árboles que crecen en la Selva Baja Caducifolia de la Depresión Central: el copal de hoja menuda (Bursera bipinnata), el copal de hoja ancha (Bursera excelsa), el copal de zope (Bursera diversifolia) y el copal de zope negro (Bursera tomentosa). Algunos habitantes de Suchiapa también elaboran el estoraque —discos planos de resina mezclada con polvo de cáscara y azúcar—, una de las dos comunidades, junto con Copoya, donde aún se produce esta presentación tradicional.

Mientras los danzantes calienten sus cuerpos antes de salir, mientras las cocinas del pueblo terminen los tamales para la fiesta, mientras los braseros se enciendan en los altares de las casas, alguien estará partiendo la cáscara, midiendo las “lágrimas” de resina, soplando la brasa hasta que el copal suelte el humo. Y cuando el primer tambor suene el jueves a media mañana, ese humo subirá entre las máscaras y las flores como sube cada año, como sube desde hace siglos, como subirá mientras alguien en Suchiapa siga creyendo que la fiesta no es completa hasta que el copal entra a la danza.

La investigación etnobotánica que documentó el papel del copal en el Corpus Christi de Suchiapa fue realizada por Alejandra Janeth Díaz-López, Marisol Castro-Moreno, Juan Felipe Ruan-Soto e Iván de-la-Cruz-Chacón, del Instituto de Ciencias Biológicas de la UNICACH, con financiamiento del Instituto de Ciencias, Tecnología e Innovación de Chiapas (ICTI) y una beca de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI). El estudio fue publicado bajo licencia Creative Commons en la revista Botanical Sciences, volumen 104, número 2.

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