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La talla que no crece: desnutrición crónica infantil en el sur y Chiapas

En el muro de una clínica rural de los Altos, una madre para a su hijo de tres años contra la cinta métrica. El niño sonríe, ajeno al dato que la enfermera anota: está más bajo de lo que debería para su edad. No es solo cuestión de estatura. Esa “baja talla” es la huella visible de la desnutrición crónica, un problema que marca el desarrollo de miles de niñas y niños en el sur de México, y en el que Chiapas figura entre los más afectados.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), 14.2% de los menores de cinco años en el país presenta desnutrición crónica, alrededor de 1.3 millones de niños. Y las regiones del sur, donde se ubica Chiapas, registran las mayores prevalencias: ahí, uno de cada cinco niños tiene retraso en el crecimiento.

Qué es la baja talla

La desnutrición crónica no es pasar hambre un día: es la consecuencia de carencias sostenidas de nutrientes durante los primeros años de vida. Su señal más clara es que el niño no alcanza la talla esperada para su edad, pero el daño va más allá de la estatura: afecta el desarrollo del cerebro, el sistema inmune y el aprendizaje. Si no se atiende a tiempo, en los primeros mil días, sus efectos pueden ser permanentes.

Menores de 5 años en México Dato
Desnutrición crónica (baja talla) 14.2% (~1.3 millones de niños)
Bajo peso ~3.9%
Desnutrición aguda (emaciación) ~1.2%
Sobrepeso ~7.7%
Región más afectada (baja talla) Sur del país: 1 de cada 5 niños
El sur, la zona más golpeada

La desnutrición crónica tiene un mapa, y ese mapa apunta al sureste. Mientras el promedio nacional ronda el 14%, en los estados del sur la cifra se dispara hasta que uno de cada cinco menores de cinco años presenta el problema. La pobreza, la falta de acceso a alimentos nutritivos y los rezagos en servicios de salud explican buena parte de esa brecha regional. La ENSANUT Continua 2025, levantada por el INSP, permitirá actualizar el dato específico de cada entidad, incluido Chiapas.

Una buena noticia: la lactancia

No todo es retroceso. La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses —una de las defensas más poderosas contra la desnutrición— ha ganado terreno en el país: pasó de 14.8% en 2012 a 33% en 2022. Aún está lejos del estándar internacional, de al menos 60%, pero la tendencia es positiva y marca el camino de la prevención.

Qué se puede hacer

Los especialistas del INSP coinciden en la receta: fortalecer la atención primaria de salud para las mujeres embarazadas y los menores de cinco años. Eso incluye consejería nutricional, promoción de la lactancia, suplementación con micronutrientes, tratamiento oportuno de la desnutrición aguda, recuperación de la cobertura de vacunación y atención al desarrollo infantil temprano. Son medidas conocidas y de bajo costo; el reto es que lleguen a las comunidades más apartadas.

Un problema que se puede medir y vencer

De vuelta en la clínica de los Altos, la enfermera explica a la madre que su hijo aún está a tiempo. La desnutrición crónica tiene una virtud terrible y esperanzadora a la vez: es medible y, sobre todo, prevenible. Atenderla en los primeros mil días de vida puede cambiar el destino de un niño y, sumado, el de toda una generación chiapaneca.

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