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Solo uno de cada diez chiapanecos tiene empleo formal: la raíz económica de la pobreza

Un albañil en Tuxtla Gutiérrez termina una obra y no sabe si la próxima semana tendrá otra. Una mujer que vende tostadas afuera de un mercado no cuenta los días de vacaciones porque no existen; tampoco la incapacidad si se enferma, ni la pensión cuando ya no pueda pararse temprano. No tienen contrato, no tienen seguro, no tienen la certeza de que mañana habrá ingreso. No son la excepción en Chiapas: son la norma. Para la mayoría de los chiapanecos que trabajan, el sustento se consigue así, al día, sin red que los sostenga.

Detrás de la pobreza que mantiene a Chiapas en el último lugar nacional hay una causa económica concreta, y tiene nombre: un mercado laboral roto. Mientras en el país el trabajo asalariado representa el 65.9% de toda la ocupación, en Chiapas esa proporción cae al 39.7%. Es decir, la formalidad que en el resto de México es la regla, en Chiapas es la excepción.

Diez por ciento

El dato más crudo lo aporta la seguridad social. En 2024, el estado registró alrededor de 264 mil trabajadores afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), apenas el 1.17% del total nacional, en una entidad que concentra mucho más que eso de la población del país. Visto desde la calle, significa que la enorme mayoría de quienes trabajan en Chiapas lo hacen sin prestaciones, sin acceso a clínica, sin pensión que los espere.

El estudio académico que ha medido este fenómeno lo dice sin rodeos: el 76.4% de los trabajadores chiapanecos carece de acceso a la seguridad social, frente a un 48.2% en el promedio nacional. Más de tres de cada cuatro chiapanecos que trabajan están, en los hechos, desprotegidos.

La trampa del desempleo bajo

Aquí aparece una paradoja que conviene entender. Chiapas reporta una de las tasas de desempleo abierto más bajas del país. A primera vista parecería una buena noticia. No lo es. En una economía con tan poco empleo formal, casi nadie puede darse el lujo de estar desempleado: la gente se emplea en lo que sea —vender en la calle, trabajar la tierra de la familia, ofrecerse por jornal— porque no hay seguro de desempleo ni colchón que aguante. El desempleo no se ve no porque haya trabajo, sino porque la informalidad lo absorbe.

Los sectores lo confirman. El gobierno es prácticamente el único empleador que paga salario formal de manera consistente. La agricultura, en cambio, sigue dominada por el trabajo familiar no remunerado y la economía de subsistencia: en el campo chiapaneco, apenas una cuarta parte de la ocupación es asalariada. La manufactura, que en otras regiones genera empleo formal, en Chiapas no despega.

Lo que pasa cuando no hay trabajo

Una población que crece y un mercado que no genera empleos suficientes producen un excedente de personas sin lugar en la economía formal. Ese excedente, según el análisis, encuentra solo tres salidas: la migración —sobre todo hacia Estados Unidos—, la economía informal o el regreso a la agricultura de subsistencia, y, en el peor de los casos, el reclutamiento por actividades ilícitas. Ninguna de las tres integra a la persona al desarrollo; las tres perpetúan la precariedad.

Por eso las transferencias sociales, que en otras entidades ayudaron a sacar gente de la pobreza, en Chiapas chocaron contra este piso. Un apoyo mensual alivia el día a día, pero no crea el empleo que permitiría dejar de necesitarlo. Es la misma idea que cierra el diagnóstico de toda esta serie: sin una base productiva que genere trabajo, el dinero entra y sale sin transformar nada.

En la tercera y última entrega veremos el costo más profundo de este modelo: cómo, lejos de retroceder, la pobreza en Chiapas se hizo todavía más intensa durante el sexenio.

El albañil de Tuxtla, mientras tanto, espera la siguiente obra. La vendedora de tostadas volverá mañana a su mismo lugar, sin contrato y sin seguro, como cada día. No les falta voluntad de trabajar: les falta una economía que convierta ese trabajo en algo más que la sobrevivencia de la jornada. En esa diferencia —entre tener un empleo y tener un empleo que proteja— está, en buena medida, la raíz de la pobreza en Chiapas.

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