
Doctrina Social de la Iglesia · 25 de mayo de 2026
El Pontífice firmó la carta el 15 de mayo, en el 135 aniversario de la Rerum Novarum, y la presentó él mismo en el Vaticano. Son 83 páginas dedicadas íntegramente a un solo tema: cómo proteger al ser humano frente a la inteligencia artificial.
Un Papa entrando personalmente al salón de prensa para entregar una carta es algo que no pasaba en el Vaticano. Hasta este lunes. León XIV apareció a las once de la mañana en el Aula Nuova del Sínodo —el espacio donde se debate el futuro de la Iglesia— con un documento bajo el brazo. Lo flanqueaban dos cardenales de peso y un grupo de expertos en inteligencia artificial llegados desde Silicon Valley.
La escena fue calificada de inédita por los corresponsales acreditados ante la Santa Sede: ningún Pontífice había presentado en persona una de sus encíclicas. El texto se llama Magnifica Humanitas —”Magnífica Humanidad”— y plantea una tesis que el propio Papa resumió ante los presentes: la humanidad acaba de cruzar un umbral del que no puede regresar, y hay que decidir, ahora, cómo lo cruzamos.
El documento es la primera carta encíclica del pontificado de León XIV, el papa estadounidense elegido en mayo de 2025. Una encíclica es la carta de mayor peso doctrinal que un Pontífice puede publicar; lo que escribe en ella define la dirección de la Iglesia católica durante años. Esta vez, el tema central es uno que hasta hace poco parecía ajeno al Vaticano: cómo se desarrolla, quién controla y para qué sirve la inteligencia artificial.
Por qué este documento entrará en los libros de historia
León XIV firmó la encíclica el 15 de mayo de 2026, fecha cuidadosamente elegida: ese día se cumplían 135 años de la promulgación de la Rerum Novarum, el texto fundacional de la doctrina social de la Iglesia que publicó León XIII en 1891 para enfrentar los retos de la primera Revolución Industrial. El paralelismo es deliberado: si aquel Papa habló de obreros, fábricas y máquinas de vapor, este Papa habla de algoritmos, plataformas digitales y aprendizaje automático.

Lo acompañaron en la presentación el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Junto a ellos intervinieron Christopher Olah, cofundador de la empresa estadounidense Anthropic; Anna Rowlands, teóloga de la Universidad de Durham, y Leocadie Lushombo, profesora de pensamiento social católico.
El documento tiene 83 páginas, una introducción, cinco capítulos y una conclusión. El subtítulo lo dice todo: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.
Babel contra Jerusalén: las dos imágenes que sostienen todo el documento
León XIV abre su carta con dos imágenes bíblicas que se vuelven la columna vertebral del texto. La primera es la Torre de Babel: ese proyecto del libro del Génesis en el que la humanidad quiso construir una torre “cuya cúspide llegue hasta el cielo” sin contar con Dios, y terminó dispersa, sin lengua común, sin entenderse. La segunda es la reconstrucción de Jerusalén en el libro de Nehemías: una ciudad en ruinas que renace porque cada familia, cada gremio, cada vecino asume su tramo de muralla.
“La primera elección no es entre un sí o un no a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén.”
— Papa León XIV, Magnifica Humanitas, §9

La metáfora es la clave de lectura de todo el documento. La tecnología, dice el Papa, no es neutral: “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”. La pregunta de fondo, entonces, no es si la inteligencia artificial es buena o mala, sino quién la controla y hacia dónde la dirige.
Las diez ideas centrales que cambian la conversación
Para los lectores que no van a leer las 83 páginas, este es el resumen ordenado de lo que el Papa propone:

- La inteligencia artificial puede curar, educar, conectar y cuidar la casa común. También puede dividir, descartar y generar nuevas injusticias. No es buena ni mala por sí misma.
- El poder tecnológico actual es predominantemente privado y transnacional. Las grandes empresas tienen hoy “recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos”.
- El control de esta tecnología no puede quedar en manos de unos pocos. Hace falta gobernanza internacional, auditorías independientes de algoritmos y transparencia.
- La desinformación encontró en la IA “un poderoso amplificador” gracias a la capacidad de manipular contenidos, imágenes y videos.
- “La indiferencia hacia la verdad conduce, lenta pero inexorablemente, a un descenso hacia el totalitarismo.” Esta es la frase que más se ha citado del documento.
- El trabajador no es un costo de producción. La automatización no puede medirse solo en términos de eficiencia, sino partiendo de la dignidad del que trabaja y del derecho a un salario que sostenga a una familia.
- Algoritmos, datos, patentes y plataformas digitales son hoy bienes destinados a toda la humanidad. No pueden concentrarse en pocas manos.
- La inteligencia artificial militar debe ser “desarmada”. El Papa dedica todo el capítulo quinto a vincular IA y guerra, y advierte sobre la “normalización” de los conflictos armados.
- Hace falta una alianza educativa para la era digital, con la escuela en el centro. Cita una recomendación que él mismo dio a los jóvenes meses atrás: usen la inteligencia artificial “de tal manera que si desapareciera mañana, aún supieran cómo pensar”.
- Las “piedras desechadas” —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pueblos olvidados— deben convertirse en “piedras angulares” de la nueva sociedad digital. No al revés.
“Desarmar” la inteligencia artificial: el capítulo más duro
El quinto y último capítulo es el que ya está dando la vuelta al mundo. Se titula “La cultura del poder y la civilización del amor”, y en él León XIV hace una de las críticas más directas que un Pontífice ha hecho a la industria armamentista en décadas.
El Papa describe lo que llama “la normalización de la guerra”: un mundo donde las potencias hablan con frialdad de armas autónomas, drones que deciden a quién atacar y sistemas de inteligencia artificial entrenados para anticipar conflictos. Frente a eso, propone una idea que en el documento aparece como un imperativo moral: hay que desarmar la IA. Es decir, separarla del aparato militar antes de que sea tarde.
Esto se conecta con su preocupación más amplia por lo que llama “la crisis del multilateralismo”: el desmantelamiento progresivo de las instituciones internacionales que durante décadas mantuvieron un mínimo de equilibrio entre naciones. Sin esas instituciones, dice el Papa, el más fuerte impone su voluntad. Y un mundo donde el más fuerte impone su voluntad es, por definición, un mundo más injusto.
Lo que la encíclica le dice a México y a Chiapas
México es uno de los países católicos más grandes del mundo. Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 77.7% de los mexicanos se declaró católico. Pero Chiapas es un caso distinto. Aquí el catolicismo representa al 53.9% de la población —dos millones 704 mil 411 personas—, la menor proporción del país.

Al mismo tiempo, Chiapas es el estado con mayor proporción de protestantes y evangélicos —32.4%— y uno de los cinco con más personas sin religión —12.5%, alrededor de 693 mil habitantes—.
A pesar de esa diversidad, el mensaje del Papa toca de manera directa a la Iglesia local chiapaneca. La provincia eclesiástica del estado está organizada en tres sedes que hoy enfrentan, cada una a su manera, los desafíos que la encíclica describe:
La provincia eclesiástica de Chiapas
Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez — Mons. José Francisco González González (desde el 25 de abril de 2025).
Diócesis de San Cristóbal de Las Casas — Mons. Rodrigo Aguilar Martínez (desde el 3 de noviembre de 2017).
Diócesis de Tapachula — Mons. Luis Manuel López Alfaro (desde el 27 de junio de 2025).
A esta estructura se suma el cardenal Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal, voz de peso eclesial en el sur de México.
El obispo Rodrigo Aguilar ha sido en los últimos años una de las voces más insistentes en denunciar la violencia que vive el estado y en pedir a las autoridades una estrategia real contra el crimen organizado. La encíclica del Papa, en su párrafo 16, pide a la Iglesia local mirar a “las piedras desechadas” —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— como las verdaderas piedras angulares de la sociedad que viene. En un estado con una de las fronteras más transitadas por personas migrantes del continente, esa frase no es metafórica.
La diócesis de Tapachula, bajo Mons. Luis Manuel López Alfaro, atiende cada semana a familias haitianas, venezolanas, hondureñas y guatemaltecas que llegan al Soconusco esperando un trámite ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). La frase del Papa sobre los migrantes las nombra directamente.
Y en los Altos, donde el obispo Aguilar trabaja con comunidades tseltales, tsotsiles, ch’oles, tojolabales y zoques, el mensaje del documento contra “dejar atrás pueblos enteros” en el progreso tecnológico se cruza con una realidad estructural: el INEGI reporta que en Chiapas una de cada cuatro personas mayores de 15 años no sabe leer ni escribir, y que la conectividad a internet apenas alcanza al 53% de los hogares. La brecha digital de la que habla la encíclica, en Chiapas, tiene rostro y código postal.
Qué pide concretamente el Papa
A diferencia de otras encíclicas más contemplativas, Magnifica Humanitas incluye recomendaciones concretas que el propio León XIV propone para gobiernos, empresas, iglesias y ciudadanos:
- Adoptar instrumentos normativos internacionales que regulen el desarrollo de la inteligencia artificial.
- Establecer auditorías independientes de los algoritmos que usan las grandes plataformas.
- Garantizar transparencia en cómo se toman las decisiones automatizadas que afectan a las personas.
- Asegurar acceso equitativo a los datos y a la infraestructura digital, especialmente para los países más pobres.
- Crear una alianza educativa global para la era digital, con la escuela en el centro.
- Detener el desarrollo de armas autónomas y la integración de la inteligencia artificial en sistemas militares.
- Proteger el trabajo humano frente a la automatización, garantizando salarios dignos y derechos.
- Cuidar la “ecología de la comunicación” frente a la desinformación y la manipulación.
El llamado final: una invitación que va más allá de los católicos
León XIV cierra su carta con una frase dirigida a un público más amplio que su feligresía: “A todos los fieles católicos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo”.
El Pontífice termina con una imagen que resume todo el documento: ser “constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse”. Es, dice, la única forma de evitar que la humanidad pierda su propia belleza en el camino que abre la inteligencia artificial.
El texto completo de Magnifica Humanitas está disponible para descarga gratuita en formato PDF en el portal de ACI Prensa y en los nueve idiomas oficiales del Vaticano a través de Vatican News.









