
Se ha dedicado más de medio siglo a la alfarería, un oficio que comenzó cuando apenas era una joven con curiosidad y ganas de aprender.
En la comunidad de Ocuilapa de Juárez, el barro no solo se trabaja, también se hereda, aprende y defiende como parte de la identidad.
Entre manos firmes y años de experiencia, doña Marina López ha dedicado más de medio siglo a la alfarería, un oficio que comenzó cuando apenas era una joven con curiosidad y ganas de aprender. Pero el camino no fue sencillo. Al inicio, sus propios padres no querían que se dedicara a este oficio.
Marina Gómez – Artesana de alfarería: Yo misma me robaba… porque mis padres no me dejaban. Yo me iba a traer barro, arena cargando… y de ahí empecé a hacer las piezas, de ahí me casé y tuve la libertad 00:44
Con el paso del tiempo, aquella curiosidad se convirtió en una vida dedicada a moldear la tierra. Hoy, en su taller Los Girasoles, se elaboran desde jarros y floreros hasta anafres, tinajas y piezas para cocinar al fuego.
Su trabajo ha cruzado fronteras regionales. Piezas hechas en Ocuilapa han llegado a lugares fuera del estado y a distintos municipios de Chiapas. Todo gracias a una característica que doña Marina defiende con orgullo: la calidad.
Marina Gómez – Artesana de alfarería: Se ha entregado producto a Tapachula, Tabasco, Malpaso, Cintalapa, de vario lados por que dicen que nosotros sí le ponemos lo que lleva el barro para que dure 03:08
Actualmente, cinco personas trabajan en el taller, donde además de producir piezas, también se comparten conocimientos para que el oficio no desaparezca.
Después de más de 50 años, doña Marina López sigue demostrando que la alfarería es más que un trabajo: Es paciencia, tradición y amor por la tierra que se transforma entre las manos. Un legado que continúa vivo en Ocuilapa.















