
San Sebastián es representado con flechas, y esta conexión visual facilitó que, en el imaginario colonial, se ligara con la figura indígena del guerrero sacrificado o protector.
En el corazón de Chiapas, cada enero revive una tradición que mezcla fe, historia y cosmovisión: el culto a San Sebastián, un santo de origen cristiano, venerado en Europa desde la Edad Media como soldado y mártir. Pero en Chiapa de Corzo, su culto adopta matices únicos, profundamente entrelazados con la memoria indígena chiapaneca.
Según diversas investigaciones e hipótesis antropológicas, cuando los conquistadores europeos impusieron la nueva religión, no solo introdujeron santos y fiestas, sino que buscaron reinterpretar creencias y figuras locales. San Sebastián es representado con flechas, y esta conexión visual facilitó que, en el imaginario colonial, se ligara con la figura indígena del guerrero sacrificado o protector.
La danza de los parachicos, tal como se conoce hoy, es una fusión de elementos mestizos y ancestrales. Varios estudios sostienen que, en su origen más remoto, esta danza pudo ser una danza de guerreros, celebrada después de una victoria en batalla, para rendir homenaje al guerrero protector.
Con el tiempo, esta danza, que evocaba antiguas celebraciones de guerreros, fue transformándose en la festividad que hoy conocemos, festividad declarada Patrimonio Cultural Inmaterial.

















